martes, 17 de noviembre de 2015

La dimensión ambiental en los albores del siglo XXI. Miradas desde la diversidad

¿Nos preocupa nuestro ambiente?
Estamos muy contentos porque hoy, 10 de noviembre, la UNAM presentará una colección de 26 publicaciones titulada Los mexicanos vistos por sí mismos, los grandes temas nacionales, mediante la cual la máxima casa de estudios se propuso realizar una fotografía, desde una visión multidisciplinaria, acerca de las percepciones, valores y actitudes de las y los encuestados en este principio de siglo, frente a los grandes retos, crisis y problemáticas que vive nuestro país.

    Cada tomo analizó los resultados de una encuesta aplicada a nivel nacional sobre temas como corrupción y cultura de la legalidad, derechos humanos, salud, pobreza, migración, entre otros. El tomo que coordinó y elaboró el (hasta ése momento) PUMA, lo titulamos La dimensión ambiental en los albores del siglo XXI. Miradas desde la diversidad.

 Tanto en la encuesta como en el análisis posterior, buscamos responder a grandes rasgos cuestiones como ¿cuáles son las diversas miradas de los mexicanos frente al ambiente?, ¿cómo lo perciben, estructuran y evalúan?, ¿cómo impactan la economía y el estilo de vida en sus actitudes y valores ambientales?

   Uno de los hallazgos de la encuesta es el lugar que ocupa el ambiente entre las múltiples preocupaciones de los mexicanos encuestados. En medio de una profunda crisis económica, educativa, de servicios básicos, así como frente a la incapacidad del Estado para brindarle seguridad a la población, no sorprende que la mayoría de los participantes le otorguen al tema “medio ambiente” un lugar relegado entre sus prioridades, salvo en la región Sur donde se le ubica en cuarto lugar; en contraste en la región Norte ésta es la penúltima preocupación.

   Esto no significa que los encuestados ignoren el estado del ambiente en el país. En general las personas muestran una mirada crítica frente a la calidad del ambiente que las rodea, pues casi la mitad (48.6 por ciento) la califica como mala o muy mala, y menos del 2 por ciento la considera buena.

   Entre los problemas ambientales que más inquietan a los encuestados destacaron la calidad del aire, la contaminación del agua y la basura, los cuales sienten que les afectan más a nivel personal y familiar.

   El estudio muestra, además, las condiciones de acceso a algunos recursos. Por ejemplo, en el caso del agua, sólo un tercio de la población manifestó que la obtiene de la llave, poco más de dos tercios consumen agua en garrafones y 40 por ciento compra agua embotellada; el abastecimiento de agua representa una de las problemáticas más importantes del momento.

   La encuesta ilustró la urgencia de socializar el conocimiento sobre las causas y los efectos de los procesos que impactan los socio-ecosistemas. La mitad de los entrevistados se da cuenta que se requiere acceso a mayor y mejor información y educación, para que las personas protejan el medio ambiente.

   Además de las diferencias regionales, hay una distinción entre las personas con estudios de licenciatura o posgrado, quienes exhibieron valores y actitudes relativamente más informadas, críticas y dispuestas a la participación ante la situación ambiental.

   Esto apuntaría a revisar el modo en que la educación puede contribuir a hacer realidad el desarrollo sostenible y a mejorar las condiciones de equidad en el acceso a los recursos, sin hacer de lado las estrategias de educación ambiental no escolarizada, además de ampliar y mejorar los medios de información, ya que más del 90 por ciento de los entrevistados, sin importar diferencias socio-económicas, se “informa” básicamente a través de la televisión.

   Un aspecto muy positivo es que la mayoría de los entrevistados se mostró dispuesto a participar en acciones de cuidado del medio ambiente, aunque del dicho al hecho hay mucho trecho. Entre las explicaciones que ofrece el trabajo a la falta de participación, y que pueden ser materia de estudios más detallados, destaca la poca confianza que los entrevistados les tienen a sus vecinos o a la aplicación de las leyes.

    La desconfianza generalizada que prevalece en la sociedad, estaría obstaculizando las acciones colectivas para la protección del entorno.

   La amenaza del cambio climático aparece lejana en las prioridades ambientales, penúltimo lugar de la lista, a pesar de la relevancia discursiva a nivel oficial y de los riesgos que representa para las personas y para el patrimonio natural del país.

   La gente asocia los efectos del cambio climático con eventos catastróficos, frente a los cuales se muestra paralizada; pero desconoce las causas y los procesos del cambio climático, lo que dificulta su participación en estrategias que disminuyan su propia vulnerabilidad.

   Pensamos que los resultados de la encuesta en general, dan una nota optimista, pues la mayor parte de los encuestados perciben la importancia del ambiente, y esta valoración no parece depender de circunstancias socioeconómicas, de nivel educativo o sexo, lo que abre un nuevo campo de acción para incorporar a diversos sectores y actores en la discusión de políticas públicas y en la participación del cuidado del ambiente.

   Además la mayoría de los entrevistados opinan que la labor de protección del ambiente es un deber colectivo y diferenciado.

   Por lo tanto, queda claro, a partir de las respuestas recogidas en este ejercicio, que la sociedad está abierta a actuar, pero su participación depende en mucho de la información que se ponga en sus manos.

Editorial del Programa Universitario de Estrategias para la Sustentabilidad en el noticiario Primer Movimiento de Radio UNAM, emisión del martes 10 de noviembre de 2015.
Mireya Imaz, Marjory González. 2015, PUES-UNAM. México. 
(Se autoriza la reproducción citando la fuente).

Todo cambia: PUMA ahora es Sustentabilidad UNAM

Cambios.
Entre el ir y venir del mundo, observa cómo los finales se convierten en inicios.

Tao Te Ching.

El pasado 12 de octubre dejó de existir el Programa Universitario de Medio Ambiente al anunciar la UNAM la creación del Programa Universitario de Estrategias para la Sustentabilidad, cuyo objetivo principal es justamente el diseño, desarrollo y puesta en marcha de estrategias de sustentabilidad dentro y fuera de nuestra casa de estudios.

   Desde su creación en 1991, durante la rectoría del Dr. José Sarukhán y la dirección del Dr. Octavio Rivero Serrano, el PUMA fue una de las respuestas más importantes y de avanzada de la UNAM ante la crisis ambiental y la necesidad de tender un puente entre el conocimiento que produce nuestra casa de estudios con las necesidades de la sociedad, en particular la mexicana, frente a dicha crisis.

   Pero durante este cuarto de siglo no sólo se agudizaron los problemas ambientales y sociales en el mundo, también nuestra comprensión de la manera en que están interrelacionados ha evolucionado, y el cambio es tal que podemos hablar del surgimiento de nuevos paradigmas para explicarnos la situación, así como para tratar de resolverla.

   Desde la publicación de la “Primavera silenciosa” de Rachel Carson, que en 1962 pugnaba por el derecho a un ambiente limpio y sano, a la Constitución de Bolivia que en 2011 se convirtió en la primera ley en el mundo que le otorgaba a la naturaleza los mismos derechos que a los seres humanos, muchas cosas han cambiado.

   En 1987, el informe “Nuestro Futuro Común”, mejor conocido como informe Brundtland, dio a conocer la que es sin duda la definición más aceptada del término “desarrollo sustentable”, como “la capacidad del sistema humano para satisfacer las necesidades de las generaciones actuales sin comprometer los recursos y oportunidades para el crecimiento y desarrollo de las generaciones futuras.”

   Pero uno de los cambios más significativos en el paradigma de la sustentabilidad se relaciona justamente con qué se entiende hoy por crecimiento y desarrollo, qué significado le damos a la palabra ‘progreso’. Está transformándose el ideal de bienestar, la manera de relacionarnos con la naturaleza y con otros seres humanos, la forma de determinar las prioridades de comunidades y países.

   Y ello ocurre en buena medida porque el desarrollo económico no trajo bienestar ni justicia para todas y todos, porque la revolución verde incrementó exponencialmente la producción de alimentos, pero no acabó con el hambre y la desnutrición de miles de millones de personas en el mundo. De ahí que al hablar de sustentabilidad, se vuelva tan necesario adjetivarla: socialmente justa, económicamente equitativa y ambientalmente responsable.

   Este cambio de paradigma se ha reflejado en un cambio de valores y hábitos de muchos ciudadanos por todo el planeta, así como su exigencia de hacer posible un mundo en el que quepan muchos mundos y todas las especies. Es el tránsito de hablar de sistemas de desarrollo humano a sistemas socioecológicos complejos, e intentar comprenderlos desde la multidisciplina.

   Es también el paso entre medir el PIB para saber si un país progresaba, a medir el Índice de Desarrollo Humano, a establecer las Metas del Milenio y los nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible.

   Tampoco es que todo sea miel sobre hojuelas, somos testigos de una oleada de neo- extractivismo que está, literalmente, haciendo hoyos gigantescos en la naturaleza de algunas regiones para las industrias mineras, petroleras y forestales, desplazando ecosistemas, comunidades, culturas y conocimientos invaluables.

   Pero frente a esto, también es un momento de auge de los movimientos que han inspirado el concepto de “ecologismo de los pobres” del Dr. Joan Martínez Alier, o las ideas del “bien común” y el “buen vivir”, de la cooperación y de la conciencia global acerca de la necesidad de proteger nuestro hogar en el espacio.

   Es la manera en que hemos llegado al consenso científico de que el cambio climático es inequívoco y ha sido provocado, en mayor medida, por la acción humana, multiplicando los esfuerzos por reducir las emisiones globales en una carrera contra el tiempo. O la forma en que se actuó a nivel internacional para frenar la destrucción de la Capa de Ozono, una de las primeras y más alentadoras acciones globales que han ocurrido a favor del planeta.

   En la UNAM, esta transformación se refleja en las 12 nuevas licenciaturas de temas ambientales que se abrieron en los últimos años y de las cuales egresarán jóvenes profesionistas con una visión más holística de nuestra relación con el planeta y con ganas, conocimientos y herramientas para mejorar al mundo.

   Desde ése cambio de mentalidad la máxima casa de estudios impulsó el surgimiento del Laboratorio Nacional de Ciencias de la Sostenibilidad, el LANCIS, el Centro de Ciencias de la Complejidad, el C3, transformó centros a Institutos de Investigación en Energías Renovables y de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad, y bueno, impulsó el surgimiento de un programa enfocado al desarrollo de estrategias para la sustentabilidad.

   El PUMA puso su granito de arena para esta evolución que, a su vez, le cambió los objetivos, amplió su panorama, le aguzó la vista y lo transformó. Así que aquí seguimos, pero somos otros, esperamos que mejores y más útiles para todo lo que viene.

Editorial del Programa Universitario de Estrategias para la Sustentabilidad en el noticiario Primer Movimiento de Radio UNAM, emisión del martes 20 de octubre de 2015.
Mireya Imaz, Marjory González. 2015, PUES-UNAM. México.

(Se autoriza la reproducción citando la fuente).

martes, 3 de noviembre de 2015

Fauna invasora vs. fauna nativa: el caso de los gatos en Australia

Peludos incómodos :(
Hoy vamos a tocar un tema polémico pero que resulta importante al hablar de estrategias de conservación de la biodiversidad.
 
   El Gobierno de Australia anunció en junio de este año un plan para matar a 2 millones de gatos ferales para el año 2020, medida que generó una ola de indignación entre organizaciones protectoras de animales y de celebridades como Brigitte Bardot o el cantante Morrisey, a quienes el gobierno Australiano contestó de manera formal.
 
    De acuerdo con Gregory Andrews, comisionado para especies amenazadas, el sacrificio no es parte de un cruel programa de fanáticos anti-gatos. En Australia, los gatos ferales, que fueron introducidos en aquel continente por los primeros colonos europeos, se han convertido en una gran amenaza para la vida silvestre nativa.

   Se calcula que los gatos asilvestrados son responsables de la extinción de al menos 27 mamíferos australianos, como el bilbi menor (Macrotis leucura), el bandicoot del desierto (Perameles eremiana) y el ratón orejón saltarín (Notomys macrotis).

   El gobierno australiano considera que al menos 124 especies endémicas están en inminente peligro de extinción debido a la depredación.

   El problema es gigantesco, pues se calcula que existen al menos 20 millones de gatos ferales en Australia, y que cada uno de ellos es capaz de matar unos cinco animales por día. Así que la medida abarcaría el 10 por ciento de su población.

   A escala global y de acuerdo con la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, la IUCN por sus siglas en inglés, los gatos salvajes son responsables de al menos 14 por ciento de las extinciones de especies de aves, mamíferos y reptiles que habitan en las islas, y son la principal amenaza para el 8 por ciento de las aves, mamíferos y reptiles cuyas poblaciones se encuentran en estado crítico, lo que los ha llevado a estar en la lista de las 100 especies invasoras más dañinas a nivel mundial, publicada por la misma organización.

   Pero ¿por qué ocurre el fenómeno de las especies invasoras?

   Una especie se considera invasora cuando convergen dos factores: que se le introduzca en un hábitat al que no pertenece y que sea capaz de provocar un daño ambiental, económico o a las personas. Las especies invasoras suelen competir de manera tan exitosa contra las nativas, que las desplazan, dislocando importantes procesos ecosistémicos.

   El que un organismo se convierta en invasor tiene que ver, de acuerdo con la CONABIO, con las características intrínsecas de la especie, las particularidades de la introducción, las rutas de invasión así como el tipo y el estado en el que se encuentra el ecosistema invadido.

   Australia en particular posee cientos de especies endémicas debido a su aislamiento, luego de su separación del súper continente Gondwana, hace 165 millones de años, que abarcaba también a las actuales India y Antártida. En general, las especies nativas de islas están en mayor peligro ante las especies invasoras, pues evolucionaron de manera altamente especializada.

   ¿Qué hacer frente a estas invasiones?

   Los países que han ratificado el Convenio sobre Diversidad Biológica (CBD) deben dar cumplimiento al artículo 8, el cual establece que, en la medida de lo posible, cada parte impedirá que se introduzcan, controlará o erradicará las especies exóticas que amenacen a ecosistemas, hábitats o especies.

   En México existe actualmente un programa de erradicación del Pez León, que como ya hemos mencionado en este espacio, se introdujo hace una década al Caribe desde algún acuario de Miami, luego del paso de un huracán, y se ha convertido en una plaga que recién fue detectada ¡hasta las costas de Brasil!

   Entonces ¿las medidas en Australia contra los gatos ferales son correctas?

   Un artículo publicado en el blog de Scientific American por Hanna Waters en 2013 señala que, de acuerdo a toda la evidencia científica disponible, los gatos ferales en Australia no pueden tener un destino diferente al del Pez León en México, por sencillas razones: sería casi imposible esterilizar a los 20 millones de felinos asilvestrados de aquel continente, o siquiera a los dos millones que considera el proyecto del gobierno Australiano.

   Y es que la fertilidad del gato es tan alta -una sola hembra puede tener 3 camadas de 4 ó 6 gatitos cada año- que con sólo un pequeño porcentaje de la población en estado reproductivo puede compensar la tasa de mortalidad natural. Los programas de captura-esterilización-reintroducción no son costeables comparados con la eutanasia, aún con la participación de voluntarios, al menos para el caso Australiano, debido a sus dimensiones. Al final, el tema es qué consideramos más importante, si el bienestar de una especie individual (humanos o gatos) o la salud de los ecosistemas en su conjunto.

   Para el caso mexicano, no está de más insistir que necesitamos cambiar la cultura de los dueños de mascotas, esterilizar, adoptar y comprometerse a cuidar a perros y gatos hasta el término de su vida es nuestra responsabilidad, tanto por el bien de estos animales, como por el bienestar de cientos de otras especies que tienen el mismo derecho a vivir que los humanos o sus peludos acompañantes.

Editorial del Programa Universitario de Estrategias para la Sustentabilidad en el noticiario Primer Movimiento de Radio UNAM, emisión del martes 3 de noviembre de 2015.
Mireya Imaz, Marjory González. 2015, PUES-UNAM. México.
(Se autoriza la reproducción citando la fuente).

martes, 27 de octubre de 2015

El huracán Patricia y la cultura de prevención de desastres

Imagen satelital (NOAA).
El paso del Huracán Patricia por el territorio mexicano dejó menos daños de los que se esperaban (afortunadamente) y algunas lecciones importantes.

   El viernes 23 de octubre pasado, la Organización Meteorológica Mundial (OMM, por sus siglas en español) calificó a Patricia como “el mayor huracán del que se tenga registro en el Pacífico Noreste”, debido a sus vientos sostenidos de 325 kilómetros por hora. La misma institución comparó la fuerza del ojo del huracán, en su momento álgido, a la fuerza del tifón Haiyan que devastó las Filipinas en 2013.

   A los especialistas del Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos (CNH), del Centro Nacional de Huracanes (NOAA, por sus siglas en inglés) y de la NASA, así como de los centros mexicanos responsables de medir y atender el tema como CENAPRED, CONAGUA, el Servicio Meteorológico Nacional, así como también los pronósticos meteorológicos del Centro de Ciencias de la atmósfera de la UNAM, los puso en alerta el súbito fortalecimiento de lo que comenzó como tormenta tropical y que en sólo 24 horas se convirtiera en un huracán categoría 5 en la escala de Saffir-Simpson.

   Se temía que Patricia pudiera dejar daños tan graves como los provocados por el  Katrina, y circularon fotografías en las redes sociales donde se les comparaba, también con Wilma y Andrew. Patricia desde luego, daba miedo.

   Sin embargo el impacto, aunque ocurrió, fue mucho menor de lo que se esperaba y para ello confluyeron varios factores: por una parte, Patricia perdió fuerza antes de llegar a tierra gracias a un sistema de baja presión, de acuerdo con el presidente de la Organización Mexicana de Meteorólogos (Ommac), Leodegario Sansón.
Y lo más importante, el huracán chocó con la Sierra Madre Occidental la que sirvió como barrera anticiclónica, además, paradojas de la vida, era un huracán enorme, pero su zona de vientos máximos estaba muy concentrada, así que para el momento en que el ojo del huracán tocó tierra, ya había bajado a categoría 4. También hubo quien bromeó en internet afirmando que la inseguridad en el país es tan alta, que algún malandrín le bajó las categorías a Patricia nomás llegar a México.

   Más allá de la broma, también hay que decir que otra clave para entender por qué Patricia no causó más daño, fue que la población recibió avisos oportunos e indicaciones precisas por parte de las autoridades de qué hacer, a dónde dirigirse y cómo actuar.
   El que la gente se sumara a estos llamados seguramente fue un elemento que ayudó a disminuir el impacto del huracán, en especial el número de víctimas humanas. Si no, basta comparar con el paso del huracán Odile por Baja California en 2014, o el de Manuel por Guerrero e Ingrid por Veracruz. En estas ocasiones, hubo reclamos justificados acerca de la alerta insuficiente, o nula, a la población local y a los vacacionistas.

   Por ello, preocupan las teorías de la conspiración que han estado circulando en algunos medios y en las redes sociales y también preocupan las explicaciones desde la fe y de las energías positivas, lo que eso quiera decir, por eso nos parece importante subrayar dos lecciones que dejó el paso de Patricia.

   Primero: prevenir salva vidas. En un país donde nadie le cree a nadie, flaco favor le hacemos a la población, en especial a la más desprotegida, lanzando rumores en el sentido de que las alertas emitidas por el sistema de protección civil no fueron más que una exageración motivada con fines poco claros. Tampoco ayuda decir que fueron las buenas vibras lanzadas al viento lo que domeñó al meteoro.

   Existía toda la evidencia científica de que estábamos frente a un fenómeno que podía provocar una catástrofe mayúscula y hoy existen las explicaciones científicas que nos aclaran la evolución de Patricia al tocar tierra. Frente a eso, una de las herramientas más poderosas era y es informar a la población.
  
   Segundo, necesitamos mas ciencia y mantener informada a la gente acerca de las consecuencias del calentamiento global. Si bien no puede afirmarse que las características de este huracán en particular sean resultado directo del cambio climático, si sabemos (y lo hemos comentado en otras ocasiones en Primer Movimiento), por ejemplo, que el cambio climático está forzando las condiciones para un fenómeno de El Niño particularmente intenso, uno de los más fuertes desde 1950, de acuerdo con la Organización Meteorológica Mundial.

   En un artículo en la revista Nature Climate Change de 2014, se afirma que si bien los modelos climáticos indican que no es probable el aumento en la cantidad de fenómenos de El Niño, las probabilidades de que ocurra un súper El Niño se han duplicado debido al calentamiento global. La NOAA advirtió desde el 10 de septiembre que este El Niño probablemente contribuiría a una temporada de Huracanes menor de lo normal en el Atlántico, pero más fuerte en las cuencas del centro y este del Pacífico.

   Así que es momento para invertir en las ciencias del clima, reforzar medidas de prevención y trabajar en la construcción de la resiliencia de las comunidades en situación de riesgo, pues frente a cualquier eventualidad siempre será mejor estar informados y preparados.

Editorial del Programa Universitario de Estrategias para la Sustentabilidad en el noticiario Primer Movimiento de Radio UNAM, emisión del martes 27 de octubre de 2015.
Mireya Imaz, Marjory González. 2015, PUES-UNAM. México.
(Se autoriza la reproducción citando la fuente).

Huertos urbanos: reverdeciendo la ciudad

Huerto en Av. Insurgentes Norte.
Como lo prometido es deuda, en esta ocasión vamos a hablar de huertos urbanos y sustentabilidad de las ciudades.

   A partir del 2008, más de la mitad de la población mundial se concentra en ciudades y, en países como el nuestro, la cifra se aproxima al 80 por ciento del total de su población.

   Con casi 4 mil millones de personas viviendo en ellas, las ciudades representan uno de los mayores retos ambientales, sociales y económicos de las civilizaciones modernas, tanto por esta concentración sin precedentes en la historia humana, como por la manera en que funcionan, pues las ciudades importan energía, agua, materiales, alimentos, bienes de consumo y mano de obra, al tiempo que desechan grandes cantidades de residuos y contaminantes en regiones cercanas o del otro lado del mundo.

   Las ciudades afectan con sus actividades los flujos de materiales y energía planetarios, por lo que se vuelve muy importante reducir su metabolismo.

   La producción y transporte de alimentos para abastecer a la población urbana es uno de los rubros que contribuye en mayor medida a incrementar las huellas hídrica, de carbono y ecológica de las grandes urbes.

   De acuerdo con el estudio “El Estado mundial de los suelos y los recursos hídricos para agricultura” publicado por la FAO en 2011, se calcula que la agricultura mundial emplea 40 por ciento de la superficie terrestre y 70 por ciento de toda el agua dulce que usamos. La agricultura moderna es intensiva en energía, por el uso de combustibles ya sea en tractores, maquinaria agrícola y en la producción de agroquímicos, así como el transporte, almacenamiento, refrigeración y empaque de los alimentos. Sumado a la deforestación para incrementar la superficie cultivada, la agricultura contribuye con 13.5 por ciento de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. A esto hay que añadir el desperdicio de alimentos, que la FAO calcula en un tercio de todo lo que se produce. 

   Y de toda esta producción, las ciudades se llevan buena parte. De acuerdo con el estudio de Delgado Ramos “Cambio climático y la alimentación de las ciudades”, publicado en el 2013, la Zona Metropolitana del Valle de México consumió en 2007, el 22 por ciento de toda la producción de alimentos del país.

   Por eso, la agricultura urbana, ya sea en grandes extensiones, como en la ciudad de México donde más de la mitad de su territorio es suelo de conservación y de este, al menos 37 por ciento es suelo agrícola, o bien en patios, azoteas y camellones, representa una alternativa en la búsqueda de sustentabilidad de las ciudades.

   Además de ofrecer alimentos frescos, en especial hortalizas, algunas frutas y hierbas de olor, los huertos urbanos amplían y conectan las áreas verdes disponibles, no sólo para las personas, sino para aves, insectos, pequeños mamíferos y reptiles.

   Al producir alimentos de manera local, se disminuyen los consumos de agua, energía, combustibles y agrotóxicos, además se pueden aprovechar los residuos orgánicos –que representan la mitad de los residuos sólidos urbanos– en composta.

   La producción propia en un huerto ayuda a las familias a tener ahorros y puede representar una fuente de ingresos, preservar los alimentos tradicionales, contribuir a una dieta equilibrada y proteger la biodiversidad agrícola.

   Si se trata de huertos comunitarios, se contribuye a reconstruir el tejido social, la convivencia vecinal y la re-apropiación del territorio.

   Para hacer un huerto, no se requieren grandes espacios, se puede sembrar en macetas, huacales o llantas, en huertos de ventana usando botellas de PET o en huertos verticales con malla ciclónica, pallets o cimbra.

   Se puede emplear hidroponia, que es un tipo de cultivo que no requiere suelo, o cultivar las azoteas, ya sea con siembra directa o mediante sistemas de módulos. Pueden ocuparse lotes baldíos y camellones, ayudando además a transformar zonas inseguras o descuidadas en centros de reunión.

   Entre los cultivos adecuados para los huertos urbanos destacan las hortalizas, por tener un ciclo de producción corto que permite cosechar algunos productos 2 meses después de su siembra. Aunque es difícil producir todas las frutas y verduras que consumimos, sí se puede lograr la autosuficiencia en algunos productos. 

   Las hortalizas “de batalla” o más fáciles de cultivar son los rabanitos, lechugas, acelgas, zanahorias, cebollas, ajos, jitomates y chiles, entre las hierbas de olor, el romero, cilantro, albahaca, tomillo, orégano, hierbabuena y menta. No olviden sembrar flores como manzanilla, lavanda y mastuerzo, que además de ser útiles también son buenas para los polinizadores. Hay que tomar en cuenta que es necesario tener una fuente cercana de agua y al menos unas 5 ó 6 horas de luz solar directa al día.

   Parecen exageradas las ventajas de los huertos urbanos, pero existen casos muy interesantes, como el de la ciudad de Detroit, en Estados Unidos. La que fuera la capital del automóvil, está viviendo tiempos de crisis tan agudos que en el 2013 se la declaró en bancarrota.

   Ante esto, una de las respuestas de los barrios pobres de Detroit fue la apropiación comunitaria de predios abandonados para instalar huertos comunitarios, que le dieron un respiro a la angustiante situación económica de la gente, además de impulsar el resurgimiento de la vida barrial en una ciudad muy violenta, y permitir el auge de negocios como los restauranteros, que ya se están abasteciendo de los huertos barriales.

   Si quieren saber más sobre el tema, los invitamos a escuchar los programas de Ambiente PUMA que están en el sitio de internet de Radio UNAM.

Editorial del Programa Universitario de Medio Ambiente en el noticiero Primer Movimiento de Radio UNAM, emisión del martes 25 de agosto de 2015.
Mireya Imaz, Marjory González. 2015, PUMA-UNAM. México.
(Se autoriza la reproducción citando la fuente).

lunes, 26 de octubre de 2015

El cambio climático: ¿qué opinan los ciudadanos?

Niños de Tuvalu.
El pasado 28 de agosto el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, el PNUMA,dio a conocerlos resultados de un ejercicio de diálogo al que fueron invitados diez mil ciudadanos de 76 países, quienes emitieron sus puntos de vista acerca de la importancia del cambio climático y la manera en que creen que debiera afrontarse. Por cierto, México no participó.

   Esta es, hasta ahora, la consulta ciudadana más grande realizada acerca del tema y sería deseable que tuviera un lugar relevante en el debate que ocurrirá en la Conferencia de las Partes que ocurrirá el próximo diciembre en París.

   El informe del PNUMA advierte que el objetivo del ejercicio no fue realizar una encuesta, sino recabar la opinión de ciudadanos informados en grupos de trabajo. Aunque probablemente no se obtendrían los mismos resultados en un sondeo a población abierta, el informe muestra las tendencias de opinión entre personas influyentes en sus comunidades. 

   En términos generales, el ejercicio resultó alentador pues la mayoría de quienes participaron, casi el 80 por ciento, dijeron sentirse muy preocupados por los impactos del cambio climático.

   Entre los lugares donde el tema tiene mayor relevancia es en el continente africano, con 82 por ciento, y quienes habitan en Islas, con 87 por ciento de personas que afirmaron estar muy preocupadas. 

   Y no es para menos: apenas el pasado 25 de agosto, Enele Sopoaga, primer ministro del pequeño archipiélago de Tuvalu, un grupo de Islas del Pacífico sur, anunció que su nación está realizando gestiones para comprarle tierras a Nueva Zelanda y Australia para cultivar alimentos y preparar a la población de su país para emigrar, pues la elevación del nivel del mar, lenta pero constante, ha ido comiéndose a las islas. De hecho, los habitantes ya tienen serios problemas de contaminación de sus reservas de agua dulce por intrusión del agua de mar.

   Siguiendo con el estudio del PNUMA y en contraste con los Tuvaluenses, las nacionalidades con el menor porcentaje de personas muy preocupadas por el Cambio Climático resultaron Japón, con 44 por ciento, y Rusia, con 49 por ciento.

   Por otra parte, dos de cada tres personas afirmaron que las medidas para luchar contra el cambio climático representan una oportunidad para mejorar su calidad de vida. El reporte afirma que la cifra es mayor en las naciones en desarrollo, en particular en India, Brasil y en general en los países de América Latina. 

   Además 78 por ciento de los participantes opinaron que sus países deberían tomar medidas para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero, aun si otras naciones no lo hacen. Este porcentaje aumenta al 95 por ciento en Brasil y, sorprendentemente, en Estados Unidos.

   Este último dato coincide con los de la encuesta realizada por la Escuela de estudios ambientales y forestales de la Universidad de Yale, cuyos resultados se dieron a conocer apenas en abril pasado, los cuales indican un aumento en la preocupación y el conocimiento que tienen los estadunidenses sobre el tema, a pesar de los esfuerzos –y la inversión– de las compañías petroleras y de los políticos republicanos en las campañas negacionistas.

   La encuesta de Yale muestra que 69 por ciento de los norteamericanos piensa que su país debe hacer un mayor esfuerzo por reducir sus emisiones, aún si ello conlleva costos económicos, y que tanto el presidente Obama como el Congreso deben fortalecer la inversión en tecnologías de energía limpia, opinión que comparte el 71 por ciento de los encuestados.

   Y esto es importante pues los vecinos del norte, junto con los chinos, son responsables del 45 por ciento de todas las emisiones de gases de efecto invernadero del orbe.

   No todo son buenas noticias pues, volviendo a la encuesta del PNUMA, los ciudadanos de estos dos países, junto con los rusos, se contaron entre los más hostiles a aceptar un impuesto por carbono, opinión que contrastó con la de los Senegaleses participantes. Quién lo dijera, pero los ciudadanos de este país, cuyos índices de marginación se cuentan entre los más altos del mundo, estuvieron de acuerdo con dicho impuesto por abrumadora mayoría, con 98 por ciento de los consultados.

   Finalmente, 71 por ciento de los participantes coincidieron que el acuerdo de la COP21 debe incluir objetivos nacionales, de corto plazo y jurídicamente vinculantes para todos los países. En resumen, que ya es hora de dejar de hacerse pato.

   Así las cosas, resulta alentador ver cómo las y los ciudadanos de muchas partes del mundo toman conciencia en torno a este que, como ya hemos dicho, es uno de los mayores retos que tiene por delante la humanidad. Como lo señala el documento del PNUMA, sólo la opinión informada y la movilización de las y los ciudadanos, en todos los niveles, permitirá conseguir el mejor acuerdo posible en París.

   Asimismo, en unas semanas podremos comentar los resultados de una encuesta que realizó la UNAM en torno a las opiniones y percepciones de las y los mexicanos acerca del ambiente, y que forma parte de una serie de 25 encuestas titulada “Los mexicanos vistos por sí mismos” y que esperemos les resulte muy interesante.

Editorial del Programa Universitario de Medio Ambiente en el noticiero Primer Movimiento de Radio UNAM, emisión del martes 1 de septiembre de 2015.
Mireya Imaz, Marjory González. 2015, PUMA-UNAM. México.
(Se autoriza la reproducción citando la fuente).

viernes, 23 de octubre de 2015

"El Niño" desatado

Hace un par de semanas el Servicio Nacional de Meteorología de Estados Unidos anunció que el fenómeno climático de El Niño de 2015 tiene altas posibilidades de volverse uno de los más potentes de los que se tenga registro, lo que resultaría en sequías extremas, inundaciones, un invierno más lluvioso e intenso, dependiendo de la zona del planeta de la que estemos hablando. 

   El cambio climático estaría forzando las condiciones para un fenómeno de El Niño particularmente intenso, uno de los más fuertes desde 1950, de acuerdo con la Organización Meteorológica Mundial. Pero ¿en qué consiste El Niño y por qué viene con tanta fuerza?

   Para entender este fenómeno es importante decir que los océanos desempeñan un papel crucial en la regulación del clima del planeta. El sol calienta su superficie y una parte de esta energía térmica se disipa en la atmósfera gracias a la evaporación del agua. Esta transferencia de energía impulsa la circulación atmosférica, genera corrientes a medida que el agua se mueve a través de la atmósfera en forma de vapor, y finalmente se condensa y cae como precipitación. A lo largo del Océano Pacífico ocurre uno de los fenómenos climáticos más importantes de la Tierra, debido a su capacidad para cambiar la circulación atmosférica global, llamada El Niño- Oscilación del Sur, o ENSO por sus siglas en inglés. 

   ENSO tiene tres estados, " El Niño " y " La Niña ", que requieren ciertos cambios tanto en el océano y la atmósfera, así como un estado Neutral que ocurre entre uno y otro. Este fenómeno no se presenta de manera periódica, sino de forma irregular, en intervalos de tiempo de entre 2 a 7 años. La fase caliente es El Niño y la fase fría, La Niña. ¿Qué es lo que ocurre? Normalmente, los vientos soplan en forma constante de este a oeste a través del Océano Pacífico, empujando el agua del océano calentada por el sol, en dirección a Indonesia y Australia. Estos vientos empujan tanta agua que el nivel del mar cerca de la costa de Indonesia se encuentra por arriba del nivel en la costa de Ecuador. Aguas más frías en América del Sur ocupan el lugar de las aguas cálidas que van rumbo a Asia, emergiendo en las costas de América del Sur. Esta agua más fría trae consigo temperaturas menores y nutrientes, que benefician a la vida marina cerca de la superficie.

   Ahora bien, durante el ciclo de El Niño las cosas ocurren en el sentido contrario, el agua caliente bajo la superficie del océano Pacífico tropical se levanta y se desplaza hacia el este, a lo largo del Ecuador y llega a la costa de América del Sur. Esta pluma de agua cálida provoca que los vientos alisios se debiliten y disminuyan su velocidad, produciendo lluvias intensas e inundaciones en las zonas alrededor del Ecuador, así como sequías e incendios en Australia e Indonesia. El Niño impacta a nivel global los patrones de temperatura, humedad y precipitaciones.

   Y este año parece que el chamaco viene desatado, pues cada vez hay mayor consenso entre los científicos acerca de que El Niño podría alcanzar, o hasta superar, las dimensiones del que se registró entre 1997 y 1998, el cual provocó inundaciones y sequías a escala planetaria. De hecho, fue el peor año de incendios en México.

   Las consecuencias no necesariamente serán idénticas o similares, pues cada El Niño es único, producto de las condiciones en el océano y la atmósfera, del clima y el tiempo particulares de un lugar y un tiempo determinado. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, la NOAA, en un comunicado del 10 de septiembre señaló que existe una probabilidad superior al 90% de que El Niño se prolongue a lo largo de este invierno en el hemisferio norte y aún, que continúe durante la primavera del 2016.

   Además el informe señala que este El Niño probablemente contribuirá a que la temporada de Huracanes sea menor de lo normal en el Atlántico, pero más fuerte en las cuencas del centro y este del Pacífico. También significa que lloverá más en la costa oeste de Sudamérica, pero que en el sur de Asia y Australia, que usualmente son lluviosos, habrá sequías prolongadas.

   Pero El Niño no sólo altera el clima y el tiempo. Representa una amenaza a gran escala para los arrecifes de coral, pues la elevación de las temperaturas de los mares tropicales mata a estos organismos en un fenómeno que se ha denominado ‘blanqueo’ del coral. El Niño de 1998 blanqueó al 16% de los corales del mundo, la mayor mortandad jamás observada, algunas de estas regiones jamás se recuperaron.

   Además, las aguas superficiales más cálidas en el Pacífico occidental ahuyentan a los peces de aguas frías, en las que descansa la mayor parte de la industria pesquera de gran parte de Latinoamérica. A decir de Wenju Cai, Simon Borlacey otros autores quienes publicaron un artículo al respecto en la revista Nature Climate Change en 2014, los modelos climáticos indican que si bien no es probable que aumente la cantidad de fenómenos de El Niño, las probabilidades de que ocurra un súper El Niño se han duplicado debido al calentamiento global. En realidad, los expertos señalan que estamos entrando en terreno desconocido, David Carlson, jefe del Programa de Investigación del Clima de la OMM, declaró para el Diario El País que este EL Niño es completamente distinto del de 1998 en un punto: el actual está ocurriendo bajo nuevas condiciones influidas por el cambio climático. “El mundo ha cambiado mucho”, y las condiciones creadas por el deshielo Ártico, la pérdida de hielo en el hemisferio Norte y las altas temperaturas que están rompiendo récords están coincidiendo por primera vez con El Niño.

Editorial del Programa Universitario de Medio Ambiente en el noticiero Primer Movimiento de Radio UNAM, emisión del martes 15 de septiembre de 2015.
Mireya Imaz, Marjory González. 2015, PUMA-UNAM. México.
(Se autoriza la reproducción citando la fuente).