miércoles, 27 de enero de 2016

El manglar del malecón Tajamar, Cancún

Antes y después.
El sábado 16 de enero de 2016, de madrugada y al amparo de la obscuridad, cuadrillas de trabajadores con camiones de volteo y trascabos ingresaron al malecón Tajamar en Cancún para talar decenas de hectáreas de mangle y rellenar los humedales del lugar.

   Con ello inició la construcción de un complejo de centros comerciales, hoteles y una zona residencial para 3,600 viviendas en una zona de 59 hectáreas, 64% de las cuales está (o estaba, hasta el fin de semana) cubierta por diversos tipos de vegetación hidrófila (asociada a cuerpos de agua) y otro 20% por vegetación terrestre, sobresaliendo 31 hectáreas de manglar y 4.21 hectáreas de selva baja, de acuerdo con la propia Manifestación de Impacto Ambiental promovida por FONATUR y elaborada por la empresa Ingeniería del Medio Ambiente SA de CV, principal documento que sirvió a la autoridad ambiental para otorgar los permisos correspondientes.

   El documento, por ser de interés público, puede consultarse aquí.

   Existen disposiciones legales para regular los desarrollos en la zona, como el “Acuerdo de Coordinación para el Ordenamiento Ecológico de la región denominada Sistema Lagunar Nichupté” que incluye diversos criterios por ejemplo, el criterio D22 a la letra dice:

   “Se deberá conservar la máxima porción de las características naturales, sin afectar ecosistemas excepcionales contiguos, tales como el sistema Lagunar Nichupté, Laguna Morales, manglares y arrecifes entre otros, así como las poblaciones de flora y fauna, especialmente las endémicas y en peligro de extinción.”

   Ante lo cual, la MIA responde con esta perla: “El predio no es un ecosistema excepcional ya que corresponde a un mosaico complejo de condiciones ambientales que han sido resultado de afectaciones y modificaciones (mismas que hizo fonatur). Sigue la cita: "La zona donde se desarrollará el proyecto, forma parte del área de crecimiento de la Ciudad de Cancún; por lo tanto la pérdida de espacios naturales es una tendencia irreversible por el momento; sin embargo en ningún sentido afectaría la dinámica del Sistema Lagunar, ni a la vegetación hidrófila, ya que ésta cuenta con una amplia distribución en la entidad; de tal manera que los cambios a nivel regional y en el sitio con seguridad no afectarán sus poblaciones, y, en consecuencia no se verán amenazadas por la realización del proyecto.”

   Traducción: al cabo que nos sobra el mangle. Y entonces la autoridad ambiental acepta que FONATUR anuncie que removerá decenas de hectáreas de mangle sujetas a protección especial, como el mangle rojo y el botoncillo, “porque no es excepcional”.

   Y acepta también que se diga que no se afectará al Sistema Lagunar Nichupté, que colinda con el predio y es un sitio Ramsar, es decir, forma parte de la Convención de Protección de humedales, ecosistemas protegidos internacionalmente debido a su alta biodiversidad y productividad.

   En el año 2007 la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, CONAP, realizó la ficha informativa para inscribir a la Laguna de Nichupté en esta Convención por dos motivos: por contar con selva baja caducifolia, y por albergar especies de flora y fauna bajo alguna categoría de protección de la entonces NOM-059-ECOL-2001 (ahora SEMARNAT-2010), entre las que destacan, además del mangle, la Palma de Chit, amenazada, la iguana Ctenosaura similis, amenazada, el cocodrilo moreletii y la rana leopardo, sujetos a protección especial y la tortuga blanca, en peligro de extinción.

   Dice la ficha “cada una de estas especies encuentra, en este lugar, un espacio indispensable para su alimentación y reproducción”.

   Nosotros añadimos que estas especies difícilmente se darán cuenta que ese pedacito de su territorio no forma parte del polígono de la zona Ramsar, aunque sí de su área de influencia, y que por lo tanto debieran estar muy limitadas las acciones y modificaciones del entorno.

   Hay dos argumentos que las autoridades locales, como el Gobernador Borge, han esgrimido hasta el momento para defender el proyecto, primero, el desarrollo y la generación de empleos, en segundo lugar, que Fonatur y los desarrolladores tienen los permisos correspondientes.

   Sobre el primer argumento, vale la pena retomar el texto del Dr. Exequiel Ezcurra que mencionamos el martes pasado, incluido en el tomo “El pensamiento ecológico frente a los retos del siglo XXI”, en el que menciona una investigación que encabezó y de la cual se concluyó que “una hectárea de mangle rojo genera pesquerías en mar abierto que producen en las pangas de los pescadores 37mil 500 dólares anuales. Con base en este dato podemos decir que en términos económicos, el valor total de una hectárea de manglar por sus servicios pesqueros solamente, oscila entre 600 mil y un millón de dólares”.

   Las preguntas entonces se acumulan: desarrollo ¿para quién?, ¿de qué tipo?, empleos ¿de qué calidad? La respuesta es que en buena parte de Cancún y la Rivera Maya se han privilegiado las ganancias millonarias para grandes corporativos internacionales a costa de los ecosistemas locales, con empleos de mala calidad para los habitantes de la zona y los migrantes de regiones aún más pobres, y con consecuencias cada vez más graves ante el impacto de huracanes y ciclones, ante los cuales los manglares sirven como barrera y zona de amortiguamiento. 

Editorial del Programa Universitario de Estrategias para la Sustentabilidad en el noticiario Primer Movimiento de Radio UNAM, emisión del martes 19 de enero de 2016.
Mireya Imaz, Marjory González. 2016, PUES-UNAM. México.
(Se autoriza la reproducción citando la fuente).

martes, 12 de enero de 2016

El pensamiento ecológico frente a los retos del siglo XXI

Detalle de la portada.
Tenemos una noticia que nos alegra compartir: nos acaba de llegar de la imprenta el libro “El pensamiento ecológico frente a los retos del siglo XXI”, una publicación que esperamos sea tan interesante leerla como fue escucharla en voz de sus autores, pues el libro es resultado de un seminario en el que tuvimos la oportunidad de reunir a expertos de la ecología y de la economía ecológica que han incidido en nuestro país y en el mundo, como Exequiel Ezcurra, Sergio Guevara, Joan Martínez Alier y José Sarukhán.

   Como ya hemos mencionado en este espacio, el extraordinario incremento en la demanda de recursos y energía de la humanidad ha provocado grandes transformaciones en los ecosistemas y en los ciclos físicos y biogeoquímicos a escalas local y global, cuyas consecuencias no han podido ser determinadas aún en toda su extensión.

   Con estas transformaciones en mente, el entonces Programa Universitario de Medio Ambiente de la UNAM, PUMA, organizó un ciclo de conferencias en torno al pensamiento ecológico, por considerar a la Ecología como uno de los campos del conocimiento indispensables para la comprensión de las complejas transformaciones socioambientales que vivimos y, al mismo tiempo, porque es una ciencia que se está transformando a pasos agigantados.

   Las ponencias derivaron en este libro que estamos muy contentos de presentar y del cual les haremos una apretada reseña:

   Exequiel Ezcurra analiza la recuperación biológica de Cabo Pulmo, en el Golfo de Baja California, derivada de los esfuerzos conservacionistas realizados por la comunidad local durante la década de los noventas. Con excepción de Isla de Coco en Costa Rica, no hay ningún otro sitio en el mundo con la riqueza biológica y la biomasa pesquera que actualmente tiene Cabo Pulmo, un ejemplo de lo que se puede lograr a partir del empoderamiento de una comunidad en torno a la conservación de sus recursos naturales. Riqueza permanentemente amenazada por una visión estrecha y cortoplacista que privilegia los grandes desarrollos hoteleros en las costas nacionales.

   Por su parte, Sergio Guevara hace un recorrido por la historia de la ecología en nuestro país, y cita como uno de sus precursores a la Comisión de Estudio de Ecología de las Dioscóreas, un grupo de investigación botánica organizado durante la década de los años cincuenta cuyo esfuerzo permitió la visualización de la selva como un ecosistema diverso y amenazado, que debía ser estudiado y protegido. Guevara propone la búsqueda de alternativas para enriquecer la visión del medio ambiente mexicano, resaltando la propuesta del establecimiento de Reservas de la Biósfera, por tratarse de un modelo que se basa en la participación de las poblaciones que habitan en estos territorios.

   Joan Martínez Alier aborda los avances teóricos que, en los países del hemisferio Norte, ha tenido la construcción de la macroeconomía ecológica, contrapuesta al keynesianismo y al fundamentalismo del libre mercado. El autor analiza, además, las protestas de movimientos ambientalistas, agraristas e indígenas del Sur y su capacidad para plantear otros modelos de vida y desarrollo. La propuesta de Martínez Alier gira en torno a una conjunción entre estas dos perspectivas –la macroeconomía ecológica del Norte y los movimientos del Sur que claman un mayor respeto a los derechos de la naturaleza. Señala la urgencia ética, por parte de los países del Norte, de reconocer su responsabilidad financiera y social y pagar la deuda histórica con los habitantes de los países ubicados al Sur del ecuador.

   José Sarukhán en su ponencia “Conservación y manejo sustentable del capital natural de México, retos y oportunidades” señala que las dos causas principales de la situación ambiental global que vivimos en la actualidad, son el cambio climático y la pérdida de biodiversidad biológica, y a partir de este análisis, nos sugiere que los principales retos para conservar el capital natural de nuestro país son: 1) proveer alimentos para la población en balance sustentable con la naturaleza; 2) conservar los ecosistemas a partir del manejo y utilización de las áreas naturales protegidas para beneficio de sus dueños, y; 3) desarrollar mayor capacidad humana e institucional para la conservación y manejo del capital natural.

   Así, este libro ofrece a los lectores un compendio de las visiones e ideas de expertos que trabajan los temas de lo ambiental en interacción con los procesos socioeconómicos en los que se desarrollan.

   Estos textos nos ayudan a entender la complejidad del momento que vivimos y enmarcan propuestas de rutas posibles para transitar de la crisis ambiental actual hacia un futuro que, necesariamente, deberá ser sustentable, esto es, incluyente social y económicamente, así como sostenible en su interacción con los sistemas naturales, por el bien de nuestra generación y de las generaciones venideras.

   El libro se encuentra a la venta en las oficinas del Programa Universitario de Estrategias para la Sustentabilidad, en Ciudad Universitaria.

Editorial del Programa Universitario de Estrategias para la Sustentabilidad en el noticiario Primer Movimiento de Radio UNAM, emisión del martes 12 de enero de 2016.
Mireya Imaz, Marjory González. 2016, PUES-UNAM. México.
(Se autoriza la reproducción citando la fuente).

martes, 24 de noviembre de 2015

COP 21: el tiempo se agota

Cuenta regresiva
Dicen que no hay plazo que no se cumpla, ni deuda que no se pague.

   Y así, este lunes 30 de noviembre se cumple el plazo e inicia la Cumbre Climática en París, y pase lo que pase en ella, tendremos que pagar la deuda ambiental y social que ya ha provocado el actual modelo de desarrollo.

   El mundo llega a esta COP entre nubarrones de guerra, la ciudad de París sitiada, y el anuncio del Observatorio de Mauna Loa de que no solamente hemos alcanzado las 400 partes por millón de CO2 en la atmósfera, sino que es probable que este sea el último año en que la humanidad vivió en concentraciones por debajo de este límite, uno que se supone no debíamos rebasar.

   Aunque también hay buenas noticias. Las principales potencias industriales arribarán a la Cumbre con compromisos de reducción de emisiones claros, denominadas Contribuciones Nacionales Previstas y Determinadas, aunque aún no se sabe si se logrará construir un mecanismo que las vuelva vinculantes, obligatorias vaya.

   China promete una reducción de 65% de sus emisiones respecto al 2005, Estados Unidos, de 28% respecto del mismo año. Más generosos, los Europeos prometen 40% de reducción pero toman como base las emisiones de 1990, India, Rusia y Brasil rondan el 30 por ciento, más o menos. México prometió una reducción de 25% o más, si obtiene recursos y transferencia de tecnologías. En total, 156 países ya registraron sus reducciones de emisiones.

   Además, se espera que de la cumbre se obtenga un mecanismo de revisión, de manera que en intervalos breves de tiempo se puedan actualizar y ajustar las metas de reducción, y no esperar a que pasen otros 20 años para ver si vamos bien…o nos regresamos.

   Finalmente, los mecanismos de financiamiento y transferencia de tecnología es uno de los temas que hará realidad o no, los compromisos nacionales de los países en desarrollo, que deberán dar un salto tecnológico gigantesco para desacoplar sus economías del petróleo.

   En ese sentido, existe un compromiso para alcanzar los 100,000 millones de dólares anuales de inversión para el año 2020. Suena a muchísimo dinero, pero hay que considerar que, como lo señala Christopher Helman en el sitio de la revista Forbes en español, el costo total de la reunificación de las dos Alemanias en los noventas fue aproximadamente 2 billones de euros, y los actuales subsidios anuales a los combustibles fósiles superan los 500,000 millones de dólares a nivel mundial.

   Ciertamente, todas las economías deben desacoplar su crecimiento de la quema de combustibles fósiles, como principal motor. Esta es la única opción, para realmente cumplir con lo necesario para evitar una catástrofe de mayores proporciones.

   La Cumbre de París ocurre en un momento en el que ya no podemos parar la inercia del cambio climático que provocamos al modificar la química de la atmósfera terrestre, pero podemos disminuir el ritmo y alcance del cambio.

   Tampoco podremos evitar que los habitantes del atolón de Tuvalu o de las Islas Marshall se queden sin hogar, sumándose a los miles de refugiados por las guerras y las crisis económicas. Pero quizá se logren obtener compromisos para atender a esas poblaciones, que poca responsabilidad tienen en la actual crisis pero serán de las primeras en soportar sus consecuencias.

   Las contribuciones que hasta la fecha han sido presentadas, son aún insuficientes para evitar sobrepasar los dos grados Celsius de incremento de la temperatura promedio global del planeta.

   Es urgente, por ello, que las y los ciudadanos del mundo exijamos a la cumbre, como reunión de representantes de todos los países, es decir, nuestros representantes, que se porten a la altura del desafío que enfrentamos como humanidad y den la cara por las generaciones presentes y futuras.

   Como señaló el expresidente de Uruguay, José Mújica: “El ser humano es una mezcla de egoísmo y solidaridad. El egoísmo que llevamos todos adentro nos permite luchar por nuestra familia, por nuestro grupo humano. Tiene sentido. La naturaleza no hace pavadas, hace cosas sensatas. Pero también nos dio la conciencia y esta nos da herramientas para poder contener el egoísmo. Eso es la civilización”.

   Hoy, la civilización depende que rescatemos la ética, la otredad y lo colectivo como valores, como filosofía de vida.

   Invitamos a que estén pendientes por los diversos medios a estar atentos a la evolución de la cumbre y a las acciones que se convoquen, para que la sociedad planetaria haga presencia en París.

Editorial del Programa Universitario de Estrategias para la Sustentabilidad en el noticiario Primer Movimiento de Radio UNAM, emisión del martes 24 de noviembre de 2015.
Mireya Imaz, Marjory González. 2015, PUES-UNAM. México.
(Se autoriza la reproducción citando la fuente).

lunes, 23 de noviembre de 2015

Objetivos de Desarrollo Sostenible: que nadie se quede atrás

Hace 15 años, a finales del 2000, 189 países firmaron la Declaración y los Objetivos del Milenio, una serie de ocho ambiciosos compromisos y metas en torno a la reducción de la pobreza extrema y el hambre, la enseñanza primaria universal, la reducción de la mortalidad en niños menores de 5 años, mejorar la salud materna, combatir el VIH/Sida y otras enfermedades, la igualdad de género, la sostenibilidad del medio ambiente y el acceso al agua, así como una alianza mundial para el desarrollo. Todas estas metas debían haberse cumplido para el presente año.

   Y si bien se reportaron progresos, muchos, gracias a este acuerdo, lo cual mostró el valor de tener una agenda internacional unificada, desgraciadamente la indignidad de la pobreza, el hambre y la destrucción acelerada de la naturaleza, están aún lejos de haber desaparecido de la faz de la Tierra.

   De ahí, que el pasado 25 de septiembre se reunieran en la ONU, nuevamente, 150 jefes de estado, para evaluar y darle continuidad a los esfuerzos previos de la comunidad internacional, esta vez mediante la aprobación de la Agenda 2030, la cual es un compendio de 17 objetivos y 169 metas de cara al año 2030 que se han dado a conocer como Objetivos de Desarrollo Sostenible, los ODS, con los que se busca enfrentar las raíces de las causas y hacer más por integrar las dimensiones económicas, sociales y ambientales del desarrollo sostenible.

   Este plan es más ambicioso, pues centra la atención no sólo en el combate a la pobreza, sino en la reducción de las brechas entre países y regiones, buscando combatir la desigualdad mediante una estrategia de desarrollo económico y social incluyente, basado en la sustentabilidad y la educación, que asegure el bienestar tanto de las generaciones presentes como de las futuras.

   Los ODS están enfocados en la gobernanza democrática y la consolidación de la paz, así como en la construcción de resiliencia ante el cambio climático y los previsibles desastres que éste conlleva.

   Entre los 17 objetivos, destacan la meta de reducir a cero la pobreza extrema y que nadie en el mundo viva con menos de 1.25 dólares al día para el 2030.

   Otro objetivo que merece subrayarse es el de “Agua para todos, pero asequible y limpia, libre de contaminación y gestionada de manera sostenible”.

   En cuanto al cambio climático, la apuesta es mejorar la educación y la capacidad de las comunidades y las instituciones para mitigar el calentamiento global, así como para reducir los riesgos relacionados.

   Además, los ODS añaden capítulos dedicados al impulso de las energías renovables, e incorporan la noción de “bienes de interés colectivo”, como la atmósfera, los mares, los océanos y por supuesto sus recursos.

   Los temas ambientales tienen gran relevancia en el acuerdo, y se dividen en nueve metas encaminadas, entre otras cosas, a detener y revertir la degradación de las tierras, poner freno a la pérdida de la diversidad biológica, recuperar los bosques degradados e incrementar la reforestación y restauración de ecosistemas.

   De acuerdo con la Secretaria ejecutiva de la CEPAL, la Doctora Alicia Bárcena, la diferencia fundamental entre ambas agendas, es que “la nueva hoja de ruta aborda varias dimensiones de la desigualdad, el principal problema de nuestra región.”

   Y es que en América Latina, mucho se ha hablado e invertido en el llamado “combate a la pobreza”, pero poco o nada se ha hecho en la mayor parte del continente para reducir la exasperante desigualdad.

   Así, los Objetivos del Desarrollo Sostenible se plantean resolver la pobreza atacando lo que la origina, mediante la construcción de un modelos de desarrollo que funcione para todas las personas y no sólo para el famoso 1 por ciento del que hablaba el movimiento Ocupa Wall Street.

   Basta recordar las cifras del estudio que publicó en mayo de este año la OCDE, titulado “Todos juntos: ¿Por qué reducir la desigualdad nos beneficia?”, en el cual señalaba que la población que actualmente ocupa el decil superior de la escala de ingresos, gana 9.6 veces el ingreso de la población que ocupa el decil inferior, muy por arriba de la proporción 7 a 1 que prevalecía en la década de los años ochenta.

   Para cerrar esta brecha demencial entre los ricos más ricos del planeta, y los pobres más pobres, así como para salvar al planeta de la crisis ambiental provocada por los seres humanos (o al menos, por los que más consumen), se multiplican las voces que claman por cambios drásticos en el modo de producción, de consumo, y de reparto de la riqueza generada, tomando en cuenta la protección del ambiente y el cumplimiento de los derechos humanos fundamentales.

    “El desarrollo sostenible exige una considerable acción colectiva”, de manera que si realmente queremos evitar que la humanidad llegue al 2030 como llegamos al 2015 ante promesas que no se cumplieron, es indispensable poner manos a la obra y organizarnos para que esta vez, como lo dicen los propios Objetivos de Desarrollo Sustentable, “nadie se quede atrás”.

Editorial del Programa Universitario de Estrategias para la Sustentabilidad en el noticiario Primer Movimiento de Radio UNAM, emisión del martes 29 de septiembre de 2015. 
Mireya Imaz, Marjory González. 2015, PUES-UNAM. México.
(Se autoriza la reproducción citando la fuente). 

Tres billones de árboles en la Tierra

Un estudio publicado en la revista Nature a principios de este mes trajo buenas y malas noticias acerca de los árboles del mundo.

   El artículo ‘Mapeo de la densidad de árboles a escala global’, en el que participaron 37 autores liderados por Crowther, Glick y Covey, ofrece una muy buena noticia y a la vez, una no tan buena: en el planeta viven poco más de tres billones (3.4) de árboles, más de siete veces lo que se había estimado en estudios previos

   La mala noticia es que a partir del desarrollo de la agricultura y el inicio de la civilización, se ha perdido el 46 por ciento de los árboles del planeta, y cada año estamos perdiendo 15 mil millones mas de árboles.

   El dato de cuántos árboles hay en el planeta es crucial para entender cómo funciona el sistema Tierra, en especial el ciclo del carbono y el cambio climático, así como la distribución de especies animales y vegetales o los efectos de la actividad humana en todos ellos.

   Estudios previos calculaban la existencia de 400 mil millones de árboles, unos 61 árboles por persona, sin embargo, estos estudios se basaban, principalmente, en trabajos con imágenes de satélite, las cuales se utilizan para estimar la superficie de cobertura forestal.

   Aunque las imágenes a distancia pueden dar mucha información del estado de los bosques, no logran la misma precisión de los inventarios forestales en los cuales un técnico cuenta, mide y registra las especies presentes. Claro que este método es costoso y es prácticamente imposible realizarlo a escala global.

   Así que el equipo de investigadores comandado por Crowther, Glick y Covey combinó ambos enfoques, recopilando primero datos de 430 mil estudios en campo en todos los continentes, excepto en la Antártida. Y consideraron árboles aquellos cuyo DAP fuera igual o mayor a 10 cm.

   Basándose en esos datos, mejoraron las estimaciones de densidad de las poblaciones de árboles en las imágenes de satélite. Después, extrapolaron esas estimaciones para las zonas que carecen de buenos inventarios en campo.

   Por ejemplo, utilizaron datos de los bosques de Canadá y el norte de Europa para calcular, vía satélite, la densidad de bosques similares en partes remotas de Rusia.

   De esa manera obtuvieron información a escala continental, así como para cada uno de los 14 biomas descritos por Nature Conservancy, y un análisis de los factores bióticos, abióticos y antropogénicos que contribuyen a moldear la densidad de los bosques.

   Con esta información, calcularon que existen 3 billones de árboles, el equivalente a unos 422 árboles por persona. El país con la mayor cantidad de árboles per capita es Canadá, con 9,000 y el que menos tiene es Israel, con apenas dos árboles por habitante. El clima, la topografía, las características del suelo y la humedad, pero sobre todo, la actividad humana, son factores que producen estas diferencias.

   También encontraron que los bosques con mayor densidad de árboles se encuentran en las zonas boreales y la tundra de Rusia, Escandinavia y América del Norte. Sin embargo, las áreas forestales más extensas se encuentran en los trópicos, hogar de alrededor del 43 por ciento de los árboles del mundo. Solo 24 por ciento se encuentra en las regiones boreales y otro 22 por ciento crece en las zonas templadas.

   No sorprende, pero preocupa, que el único factor negativo común a todos los biomas, es la presencia humana. La actividad humana es perjudicial para la abundancia de árboles en todo el mundo, y este efecto negativo es más evidente a escala local. De acuerdo con uno de los autores, Thomas Crowther, los investigadores esperaban encontrar que, ciertamente las personas jugamos un papel destacado, sin embargo se sorprendieron al identificar que somos, los humanos, el principal factor que controla la densidad de árboles en todo el planeta.

   Evaluaron que la deforestación, el manejo forestal, las perturbaciones y los cambios en el uso del suelo son responsables actualmente de la pérdida de más de 15 mil millones de árboles cada año, siendo las regiones tropicales donde la tasa de deforestación es mayor.

   La escala y consistencia del efecto negativo de los humanos en todos los biomas forestales, además, permite entender cómo nuestras decisiones acerca del uso de la tierra a través de la historia, han dado forma a los ecosistemas naturales a escala global.

   De acuerdo con el estudio, de seguir las actuales tendencias de deforestación, en sólo tres siglos mas habrán desaparecido los árboles de la faz del planeta.

   Así, esta investigación se suma a muchas otras de las que hemos comentado en primer movimiento, que documentan, cada vez con mayor precisión, como la actividad humana tiene a escala planetaria, lo que sustenta, cada vez más, la propuesta de un numeroso grupo de científicos de identificar estos tiempos como una nueva era o periodo geológico: el Antropoceno.

   Así que, plantar un árbol, o muchos, si se puede, como indica un proverbio árabe, sigue siendo una de las labores relevantes que tenemos los seres humanos para con este planeta.

Editorial del Programa Universitario de Estrategias para la Sustentabilidad en el noticiario Primer Movimiento de Radio UNAM, emisión del martes 22 de septiembre de 2015.
Mireya Imaz, Marjory González. 2015, PUES-UNAM. México.
(Se autoriza la reproducción citando la fuente).

Azotea verde, azul y oro

Vista aérea de la azotea de la CIC.


Estamos muy emocionados por la inauguración de la Azotea verde y fotovoltaica del edificio de la Coordinación de la Investigación Científica (CIC), un proyecto multidisciplinario que forma parte de la Estrategia de Universidad Sustentable EcoPuma, coordinado por el Programa Universitario de Medio Ambiente y en el que colaboran la propia CIC, el Instituto de Biología, el Jardín Botánico, el Instituto de Investigaciones en Energías Renovables, el Centro de Ciencias de la Atmósfera y la Dirección General de Obras y Servicios, todos de la UNAM.

   El diseño de naturación y la “paleta” vegetal, es decir las especies de plantas que se eligieron, estuvieron a cargo del Doctor Jerónimo Reyes, especialista en este tipo de instalaciones.

   La azotea es un laboratorio vivo que permite hacer investigación, como documentar de manera precisa los servicios ambientales que nos brindan dichos espacios, obteniendo datos sobre retención de agua de lluvia, captación de metales en plantas y eficiencia energética, que permitirán hacer propuestas para mejorar estas instalaciones de manera que cada vez se encuentren al alcance de un mayor número de personas. También permite realizar actividades educativas y es un espacio demostrativo.

   Además de agradable y colorida, la azotea verde, que abarca una superficie de 900 m2, ofrece diversos servicios ambientales, como mantener la humedad atmosférica y mitigar el efecto de “isla de calor” urbana que genera la radiación solar al rebotar en el concreto. De acuerdo con el libro ‘Techos verdes’ de Minke Gernot, en verano la temperatura de un techo regular puede llegar a más de 60°C, mientras que una azotea naturada no supera los 25 °C en promedio. Éste es uno de los parámetros que se están midiendo en la CIC para tener datos específicos de ciudades como la nuestra.

   Esta azotea también genera oxígeno y captura bióxido de carbono, permite rescatar y reproducir plantas nativas del Pedregal y es un refugio para distintas especies de aves, pequeños mamíferos como tlacuaches y cacomixtles, reptiles como lagartijas, y es sitio de alimentación para polinizadores como abejas, colibríes, mariposas y murciélagos.

   Los techos verdes también disminuyen el gasto por impermeabilización y mantenimiento de las azoteas, pues las plantas protegen la capa de impermeabilizante prolongando así su vida útil.

   Otro beneficio es que, debido a la vegetación, el escurrimiento de agua de lluvia se retarda, ayudando a evitar inundaciones (que ni falta hace).

   La instalación disminuye el uso de aires acondicionados y calefactores, pues los techos verdes amortiguan las temperaturas extremas.

   Esta azotea en partcular alberga plantas mexicanas resistentes a la sequía, como nopales, magueyes y crasuláceas como Echeveria y Sedum, plantas de hojas carnosas capaces de retener agua para resistir la temporada de secas. Éstas últimas son una curiosidad botánica, pues capturan y fijan carbono durante la noche, además de capturar partículas suspendidas y metales pesados como plomo, manganeso, zinc y cadmio, sobre todo en raíces y hojas. Dichas especies se recomiendan para las azoteas y muros verdes pues, al contrario del pasto, requieren poca agua.

   También se instaló una zona de milpa para medir la productividad de este cultivo en azoteas destinadas al autoconsumo. Hay que recordar que las milpas son un sistema agroecológico basado en el policultivo, es decir, donde se siembran varias especies como maíz, frijol, calabaza y chilacayotes, permitiendo tener alimentos en distintas épocas del año.

   Además se sembró una zona con plantas nativas con flores que aportan color y alimento para los polinizadores.

   La azotea tiene una zona de naturación directa, con varias capas de impermeabilizante sobre un dren para desalojar el excedente de agua de lluvia y un sustrato que sostiene directamente a las plantas, pero también se muestran varios tipos de naturación indirecta más accesibles, modulares, es decir en contenedores que se ensamblan, como Hidromacetas, contenedores ecológicos y contenedores de unicel reutilizado.

   Por otra parte, con el Instituto de Investigaciones en Energías Renovables sev instaló un sistema fotovoltaico, es decir, que capta la radiación solar mediante 84 paneles que producen 24 kilovatios pico (kWp), generando suficiente electricidad para abastecer dos meses de consumo del edificio entero. A la UNAM esto le significará, además, un ahorro por más de 28 mil pesos y la mitigación de 15 toneladas de CO2 equivalentes al año.

   Un sistema de monitoreo permite conocer los ahorros energéticos en tiempo real, que pueden consultarse AQUÍ.

   El Centro de Ciencias de la Atmósfera, por su parte, instaló una estación meteorológica que genera datos de temperatura, humedad, condiciones promedio del suelo y el ambiente, volumen de lluvia que cae sobre la azotea y concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera.

   Sólo resta decir que en la UNAM estamos convencidos de la urgencia de proyectos de este tipo, basados en el trabajo en equipo, cooperativo y multidisciplinario, para generar soluciones y alternativas a los problemas ambientales de nuestras ciudades.

   Estas iniciativas pueden ser el principio de una vida urbana con una mejor calidad ambiental, donde los humanos nos reconciliemos con la naturaleza y reencontremos los beneficios de la vida comunitaria y la búsqueda del bien común.

   ***Se puede visitar, hay que escribir a info@puma.unam.mx para agendar una cita***

Editorial del Programa Universitario de Estrategias para la Sustentabilidad en el noticiario Primer Movimiento de Radio UNAM, emisión del martes 8 de septiembre de 2015. 
Mireya Imaz, Marjory González. 2015, PUES-UNAM. México.
(Se autoriza la reproducción citando la fuente).

viernes, 20 de noviembre de 2015

CONANP: no recortemos el futuro del país

RB Santuario de la mariposa monarca.
De acuerdo con el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación para el 2016, la SEMARNAT enfrentará un recorte de 10 mil 500 millones de pesos, equivalentes a una disminución de 15 por ciento de su presupuesto en comparación con el presente año.

   Este recorte y los efectuados a lo largo del 2015 ya han comenzado a tener efectos negativos en las tareas que realizan algunas dependencias, en especial en la Comisión Nacional de áreas Naturales Protegidas, la CONANP, de donde, por ejemplo, hasta la fecha se ha despedido al menos a 100 trabajadores de campo, de acuerdo con una nota de Milenio diario del 30 de septiembre, además de que se le adeudaban dos quincenas a los trabajadores, al menos hasta el viernes 2 de octubre pasado.

   La situación es preocupante pues la labor que realiza la CONANP es vital para la vigilancia y conservación de un patrimonio invaluable de las y los mexicanos y de la humanidad en general: la biodiversidad de nuestro país y los ecosistemas que la resguardan.

   Como ya hemos ya comentado, México es parte del selecto grupo de 17 naciones clasificadas como megadiversas, las cuales concentran el 70 por ciento de la diversidad mundial de especies.

   Nuestro país es hogar de entre el 10 y 12 por ciento de la biodiversidad mundial. Es el segundo lugar en diversidad de reptiles, tercer lugar de mamíferos, quinto de anfibios y plantas vasculares, así como el onceavo en aves. Además, se calcula que entre el 30 al 50 por ciento de las especies que se encuentran en nuestro territorio son endémicas, es decir, que no existen en ningún otro lugar del planeta, y una parte muy importante de toda esta biodiversidad se conserva, precisamente, en el sistema nacional de Áreas Naturales Protegidas.

   Las ANP’s son el mecanismo más importante de conservación que tienen los diferentes niveles de gobierno para proteger la biodiversidad y a los ecosistemas. Son zonas del territorio o de las aguas nacionales sometidas a algún régimen de protección donde se restringen o regulan ciertas actividades, como la urbanización, la instalación de infraestructura, la tala o la explotación de recursos naturales, y donde se establecen programas de manejo, conservación y uso sustentable de la biodiversidad.

   Según la Convención de biodiversidad Biológica, para el 2020, en 5 años, la cobertura nacional protegida por país debería corresponder al 17% de su territorio terrestre mas un 10% marino, en su caso. 

   En México las ANP’s abarcan poco más de 25 millones de hectáreas, es decir cerca del 14 por ciento del territorio nacional, marino y terrestre.  Estos territorios se encuentran bajo algún esquema de protección como Reservas de la Biosfera, Parques Nacionales, Monumentos Naturales, Áreas de Protección de Recursos Naturales, Áreas de Protección de Flora y Fauna y Santuarios.

   La CONANP administra las 177 áreas naturales de carácter federal, entre las que destacan 61 Parques Nacionales y 41 Reservas de la Biosfera. Además la Comisión apoya 369 Áreas Destinadas Voluntariamente a la Conservación, con una superficie de poco más de 400 mil hectáreas.

   En las áreas naturales protegidas se preservan diversos servicios ambientales, como purificar el aire y el agua, mitigar las sequías e inundaciones, conservar y nutrir los suelos, mantener el ciclo hídrico y de nutrientes, conservar a los polinizadores y a los dispersores de semillas, funcionar como sumidero de carbono, mantener la biodiversidad, además de regalarnos paisajes y escenarios naturales maravillosos.

   En las Reservas de la Biósfera, por ejemplo, se establecen zonas núcleo con mayores restricciones de uso, así como zonas de amortiguamiento, en las cuales hay comunidades que las habitan y están permitidas ciertas actividades económicas y aprovechamientos de los recursos naturales, siempre y cuando sean sustentables y vayan acorde con los planes de manejo, como el ecoturismo.

   Así, las ANP’s le dan trabajo directa o indirectamente a miles de familias mexicanas, en especial a familias campesinas, quienes, a su ves, aportan sus conocimientos y cultura para la adecuada conservación de estos lugares.

   Diseñar y operar los planes de manejo y conservación, trabajar con las comunidades locales, vigilar extensas zonas del territorio nacional, generalmente de difícil acceso, ponerle freno a los talamontes, cazadores furtivos, mineras, industrias, hoteleros y urbanizadores, no es tarea fácil, requiere personal altamente capacitado y, sobre todo, muy comprometido.

   En el PUMA vemos este compromiso gracias a la colaboración que este Programa tiene con la CONANP, para la actualización y capacitación de los guardaparques, quienes muchas veces se juegan la vida protegiendo la biodiversidad de nuestro país.

   En 2006, Trevon et al, revelaron en un artículo publicado en Science Direct que los mamíferos endémicos de México podrían haberse protegido mucho mejor de haber iniciado el sistema de conservación en los años 70, y calcularon que el territorio que se necesita para proteger a los mamíferos actualmente, es 90 por ciento mayor al que se hubiera necesitado, de haberse implementado hace 40 años. Los autores del artículo subrayan la importancia de llevar a cabo acciones de conservación A TIEMPO, pues indican que “debido a la degradación del hábitat que está en curso, la eficacia de un plan de conservación disminuye con demoras en su ejecución”.

   Así pues, queda claro que recortar recursos para la conservación del patrimonio natural de las y los mexicanos, no significa ahorros, al contrario, en poco tiempo tendrá elevados costos para nosotros y las futuras generaciones.

   Y es que, en realidad, en este mundo, a lo único que se le puede quitar para que haga grande, es a los agujeros.

Editorial del Programa Universitario de Estrategias para la Sustentabilidad en el noticiario Primer Movimiento de Radio UNAM, emisión del martes 6 de octubre de 2015.
Mireya Imaz, Marjory González. 2015, PUES-UNAM. México.
(Se autoriza la reproducción citando la fuente).