martes, 24 de mayo de 2016

Planeta Urbano

Santiago, ciudad latinoamericana del mañana, hoy.
El día de hoy (24 de mayo de 2016) se anunciarán nuevas medidas en torno a la crisis de contaminación que está viviendo la Megalópolis del Valle de México, muy probablemente centradas en respuestas inmediatas y, si tenemos suerte, abarcarán algo más que el sector del transporte particular.

   Pero en realidad la situación debiera obligar a hacer una amplia reflexión, multidisciplinaria y con miradas de mediano y largo plazo, acerca del tipo de ciudades que estamos construyendo, hacia dónde van y sobre todo, hacia dónde debieran dirigirse.

   Conocemos algunos de los escenarios posibles que enfrentarán las metrópolis, como el cambio climático, el crecimiento y concentración poblacional, de manera que deberíamos ser capaces de ofrecer respuestas distintas, en vez de estar replicando, una y otra vez, los modelos que sabemos no funcionan.

   Ejemplo: que Monterrey y Guadalajara estén creciendo de la misma manera caótica, carente de planeación y centrada en el automóvil que lo ha hecho la Ciudad de México, habla mal de nuestra capacidad para aprender de los errores.

   Por eso nos pareció relevante retomar algunos de los temas que abordó el número de mayo de la revista Science en su dossier dedicado al Planeta Urbano, los cuales abarcaremos en las próximas semanas, a menos que otros temas más urgentes nos lo impidan.

   ¿Cuál es el tamaño del problema? 2007 fue el año que marcó un cambio sin precedentes: por primera vez en la Historia, más de la mitad de la población humana estaba viviendo en ciudades.

   Para 2014, 4 mil de los 7 mil millones de seres humanos habitábamos en metrópolis, y se calcula que para el 2050, dos de cada tres personas, es decir, 6 mil millones estaremos viviendo en una ciudad.

   De acuerdo con el INEGI, 78% de las y los mexicanos somos Homo urbanus.

   Como era de esperarse, el ritmo y calidad de las urbanizaciones no es homogéneo. Hasta hace unas décadas, la mayor parte de quienes habitaban en ciudades vivían en Europa y América del Norte.

   Sin embargo la tendencia ha cambiado drásticamente y para el 2030 la mayor parte de los residentes urbanos vivirán en Asia y África, en muchos casos en ciudades hacinadas, con escasez de servicios y asentadas en ecosistemas frágiles, como zonas costeras o selvas.

   Las consecuencias ambientales de esta hiper-urbanización ya son alarmantes. Las ciudades consumen grandes cantidades de alimentos, energía, agua y materiales.

   El área de los ecosistemas necesaria para proporcionar estos elementos esenciales es gigantesca, se calcula que la "huella ecológica" de una ciudad es 200 veces mayor que el área que abarca la propia ciudad.

   75% de la energía generada a nivel global se consume en las ciudades y, en consecuencia, éstas son responsables de entre 60 a 70% de las emisiones de gases de efecto invernadero.

   Las metrópolis alteran el ambiente no sólo acaparando recursos, sino emitiendo contaminantes atmosféricos, aguas residuales y residuos domésticos en cantidades que asustan.

   Tan sólo los residuos domésticos de las ciudades equivalen a 1,300 millones de toneladas anuales, de acuerdo con el Banco Mundial, y cada año producimos 10% más que el anterior.

   En el tema del agua, la urbanización ha significado (en general) un cambio positivo en los servicios básicos: suministro, saneamiento, protección contra las inundaciones y control de la contaminación.

   El porcentaje de la población mundial que tenía acceso a agua de calidad en 2010 era de 96% en ciudades, contra 81% en zonas rurales; en cuanto al acceso al saneamiento había una diferencia de 79% en ciudades y 47% en el campo, de acuerdo con el reporte de la ONU "Agua para la vida".

   Pero este cambio en nuestra calidad de vida ha tenido un costo para los ecosistemas, pues entre los cambios más dramáticos que ocasionan las ciudades está la expansión de las superficies impermeables, que impide la infiltración a los acuíferos, altera el ciclo hidrológico a escala local y disminuye el suministro de agua a los ecosistemas acuáticos.

"Islas de calor" (gráfico de Science).
   Otro problema que emerge con la urbanización son las llamadas "islas de calor", pues las toneladas de cemento y asfalto absorben y luego irradian calor, haciendo los centros de las ciudades sensiblemente más calientes de día y de noche, modificando el clima a nivel local y contribuyendo al calentamiento global.


   Las ciudades, sin embargo, podrían aportar la solución a sus propios problemas: los residuos pueden ser una fuente estratégica de materiales y energía, el agua residual, una fuente de nutrientes para los cultivos, y la concentración poblacional puede implicar un suministro de servicios más eficiente, de bajo consumo energético.

   Darle la vuelta a las metrópolis para que sean el corazón de las sociedades sustentables es una tarea a la que no podemos renunciar, pues el planeta urbano llegó para quedarse y hay que saber qué hacer con él.

Editorial del Programa Universitario de Estrategias para la Sustentabilidad en el noticiario Primer Movimiento de Radio UNAM, emisión del martes 24 de mayo de 2016.
Mireya Imaz, Marjory González. 2016, PUES-UNAM. México.
(Se autoriza la reproducción citando la fuente).

jueves, 12 de mayo de 2016

Contingencia: el rey va desnudo

En el mundo de fantasía de la CDMX.
La crisis de contaminación que vivimos en el Valle de México, se parece cada vez más a la fábula del traje nuevo del Emperador, sólo que aquí hay multitud de reyes -y una que otra reina- que van desnudos y no lo notan.

   Ya los medios de comunicación, se encargaron de exhibir la escasa capacidad de las autoridades para aplicar las medidas que se suponían obligatorias: abundaron imágenes de obras de encarpetamiento, quema en tiraderos de basura a cielo abierto, vehículos de carga y de transporte de pasajeros ostensiblemente contaminantes.

   En el colmo, un par de industrias se negaron a dejar ingresar a los inspectores de Profepa que acudieron a verificar sus emisiones, y el día de la Santa Cruz no hubo poder, local o federal, que impidiera la quema de cohetes. Hasta el segundo día comenzaron a cerrarse las gasolineras que carecen de filtros, las cuales en realidad no deberían poder operar nunca.

   A pesar de haberse retirado de la circulación casi el 40 por ciento de los automotores, el Ozono alcanzó el pico de los 192 puntos. Y empezaron a aparecer datos tratando de explicar lo que estaba ocurriendo.

   Por ejemplo, comenzó a circular una nota del 2007 en la que el extinto Juan Camilo Mouriño afirmaba que estamos comprando gasolina de China.

   Aunque las autoridades se apresuraron en desmentir el señalamiento, lo que ya no pudieron negar es que Pemex importa y nos vende combustibles de menor calidad que los consumidos por nuestro principal socio comercial.

   Mientras la Agencia de Protección al Ambiente de Estados Unidos, EPA, exige gasolinas con una mezcla de 10 por ciento de etanol –que ayuda a reducir emisiones-, la norma mexicana sólo pide 2.7 por ciento de algún oxigenante, no necesariamente etanol.

   En cuanto al contenido de azufre, en octubre pasado se emitió una Norma emergente para que la gasolina Pemex Premium, que tenía entre 250 a 300 partes por millón, bajara a 30, máximo 80 ppm. Pero aún esta norma es laxa si se compara con las 15ppm que se admiten en Europa y las 8ppm de Estados Unidos.

   De acuerdo con el diario El Economista, por Ley, Pemex debió comercializar gasolina de ultra bajo azufre en todo el territorio nacional desde el 2009, pero no lo ha logrado y por ello mantiene un amparo.

   Por cierto, de acuerdo con un estudio de 2015 de la consultora Oliver Wayman, México es el sexto consumidor mundial de gasolinas, importa el 48 por ciento del combustible y los precios de venta, actualmente, son 20 por ciento más altos que en Estados Unidos. En resumen: pagamos mucho más por combustibles de menor calidad.

   También supimos que, como era de esperarse, el endurecimiento del Hoy No Circula aumentó las ventas de automóviles, peor aún, de autos usados, pues de acuerdo con la Asociación Nacional de Comerciantes del ramo (ANCA), al 28 de abril se había incrementado 10 por ciento la venta de vehículos de segunda mano en la Ciudad de México.

   Así que además de todo, corremos el riesgo de volver a “carcachizar” el parque vehicular, ya que el incentivo de la calcomanía cero se está perdiendo.

   Pero ¿cuál es la constante en todo esto que acabamos de describir? Que frente a la crisis ambiental, como en muchas otras cosas, existimos dos tipos de mexicanos: los de primera y los de segunda, los organizados y quienes no lo estamos.

   Están organizadas las armadoras de autos, los dueños de gasolineras y rutas de microbuses, las Cámaras industriales, los transportistas, las constructoras y desarrolladores, quienes hacen valer su poder económico y político y deciden qué tipo de desarrollo urbano se prioriza desde las políticas públicas. Y estamos desorganizados… todos los demás, en quienes se ha cargado el mayor peso de las medidas.

   Mientras que los intereses organizados apenas han sido tocados, los demás debemos prepararnos pues todo apunta a que las condiciones que estamos viviendo serán cíclicas, como señalaron investigadores del Centro de Ciencias de la Atmósfera quienes, en un comunicado de la UNAM, advirtieron lo siguiente: “es necesario informar a la población que los niveles altos (de ozono) se repetirán año con año durante los meses de calor, debido a que las condiciones meteorológicas no varían mucho, pues son procesos naturales...

   No obstante, añaden, las decisiones sobre el desordenado crecimiento de la ciudad, la mala planeación del transporte y la falta de inversión, entre otras, además de permitir la corrupción, sí es responsabilidad de las autoridades.”

   Sin embargo, poco podemos esperar de esas autoridades si seguimos desorganizados, pues aun con voluntad, es casi imposible que inclinen la balanza contra intereses tan poderosos, si no existe un contrapeso mayor: el de las y los ciudadanos exigiendo, de manera masiva, que se haga efectivo nuestro derecho a un ambiente sano y a una movilidad digna. Hace falta que comencemos a decir, colectivamente, en voz muy alta y firme, que el rey va desnudo por la calle.

Editorial del Programa Universitario de Estrategias para la Sustentabilidad en el noticiario Primer Movimiento de Radio UNAM, emisión del martes 10 de mayo de 2016. 
Mireya Imaz, Marjory González. 2016, PUES-UNAM. México.
(Se autoriza la reproducción citando la fuente).

jueves, 5 de mayo de 2016

Áreas Naturales Protegidas: la CNDH hace recomendación por omisiones

El 42% de las Áreas Naturales Protegidas de jurisdicción federal carecen de Programa de Manejo, de acuerdo con la extensa Recomendación General no. 26 emitida la semana pasada por la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

   Ello pone en riesgo, a decir de la propia Comisión, tanto la misión de estas áreas, es decir, la conservación del patrimonio natural de nuestro país, como la protección del Derecho Humano a un Ambiente sano.

   La recomendación de la CNDH a la CONANP, responsable de la emisión de los Programas de Manejo, así como a la SEMARNAT, autoridad encargada de publicarlos, va mucho más allá de un regaño por no realizar un trámite burocrático, pues estos documentos son realmente valiosos e importantes para garantizar la preservación de los ecosistemas del país y los derechos de quienes habitan cerca o dentro de estas áreas.

   Los Programas de Manejo son instrumentos que cuentan con información clave acerca de las ANP’s, como sus características biogeográficas, la problemática social y de conservación, así como las políticas y estrategias de conservación, las actividades y usos permitidos y los lineamientos para su manejo y administración.

   Por ello y de acuerdo con el artículo 65 de la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente, cada una de las ANP´s de competencia federal debe contar con un programa de manejo, por lo que no hacerlo implica el incumplimiento de la Ley.

   Sin embargo, de las 177 áreas protegidas federales decretadas, para marzo de 2016 sólo poco más de la mitad (102) contaban con programas de manejo formulado y publicado; 20 de ellas, es decir el 11%, tenía un programa elaborado pero sin publicar y 55 de ellas (el 31%) no contaban con el respectivo instrumento.

   La CNDH incluye en su recomendación a la SEMARNAT debido a su rezago en la publicación de los resúmenes y planos de ubicación de 20 ANP´s en el Diario Oficial de la Federación, pues además de las consideraciones ambientales de las que ya hablamos, la carencia de delimitaciones oficiales deja en la incertidumbre tanto a las autoridades responsables de su protección, así como a los propietarios, usuarios, vecinos y pueblos indígenas, que como no es difícil imaginar, suelen ser comunidades de por sí vulnerables.

   De acuerdo con el Centro de Derecho Ambiental, CEMDA, 26% de la superficie de las ANP’s se ubica en terrenos ejidales, comunales u otro tipo de centros de población.

   Además, en 80% de las ANP’s existe presencia de comunidades indígenas, pero justo en 29 Áreas Naturales donde hay comunidades indígenas, no se cuenta con el respectivo programa de manejo.

   La CONANP, por su parte, argumentó en su favor que en varios de los casos se carece de Programas de manejo bien porque el estado actual de algunas Áreas Protegidas se ha deteriorado tanto que ya no cumplen con sus funciones de preservación o carecen de presupuesto para su operación y vigilancia, por lo que están en proceso de abrogación, o bien por existir conflictos en la delimitación de sus polígonos.

   La CONANP añadió que la carencia de los Programas de manejo “no limita el que se lleve a cabo la adecuada protección, conservación, administración y manejo de las Áreas Naturales Protegidas”.

   Como respuesta, la CNDH le enmienda la plana a la CONANP al señalarle que esta opinión, donde los Programas de manejo parecen tener solamente un carácter secundario y meramente operativo, contrasta “ostensiblemente” con lo expuesto en el Programa Nacional de Áreas Naturales Protegidas 2014-2018, publicado por la SEMARNAT y la propia CONANP, en el cual se les describe como “instrumentos rectores de planeación y regulación que orientan el adecuado manejo y administración” de las ANP’s.

   La Comisión añade, ante el argumento circular del estado de degradación ambiental de varias de las ANP’s, que es “precisamente la inexistencia de instrumentos de planeación y regulación que establezcan las actividades permitidas y la delimitación precisa […] lo que ha contribuido a la degradación y/o perturbación de las mismas”, y urge a la CONANP a trabajar para que todas las ANP’s del país cuenten con sus respectivos planes de manejo.

   Es de esperarse que las autoridades ambientales acepten esta recomendación de la CNDH, que llega en un momento muy apropiado ante el embate de proyectos mineros, turísticos, de urbanización y construcción de infraestructura que poco o nada consideran, durante su puesta en marcha, el respeto por la naturaleza y las comunidades que dependen directamente de ella, y que quedan en situación de grave riesgo ante la carencia de instrumentos legales con los cuales defenderse.

Editorial del Programa Universitario de Estrategias para la Sustentabilidad en el noticiario Primer Movimiento de Radio UNAM, emisión del martes 3 de mayo de 2016.
Mireya Imaz, Marjory González. 2016, PUES-UNAM. México.
(Se autoriza la reproducción citando la fuente).

miércoles, 27 de abril de 2016

La Gran Barrera Arrecifal, ¿al borde del colapso?

Entre los varios focos rojos encendidos por el cambio climático global, uno de los que provoca mayor preocupación es la salud de los corales en los mares tropicales de todo el planeta.

El deterioro en algunas zonas de la Gran Barrera es alarmante
   En ese sentido, la semana pasada se dio a conocer un estudio encabezado por Terry Huges del Centro ARC de Excelencia para Estudios de Arrecifes de Coral en la Gran Barrera Arrecifal Australiana, el cual mostró que 93% de este ecosistema ha sido devastado por el fenómeno conocido como blanqueamiento del coral, en lo que ya se considera el peor evento de este tipo del que se tenga registro. Vale mencionar que la Gran Barrera es el arrecife más grande del mundo y está catalogado como Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO.

   El fenómeno del blanqueamiento ocurre debido a las altas temperaturas oceánicas ocasionadas por el calentamiento global, conjugadas con un fenómeno de El Niño especialmente fuerte, del que ya hemos hablado en Primer Movimiento.

   Mediante observaciones aéreas y de inmersión, los científicos del Centro ARC encontraron que hasta 80% de la zona Norte y 30% de la zona Centro de la Gran Barrera se encuentran blanqueadas, y compararon la gravedad de la situación con el paso de 10 huracanes por la zona.

   Los resultados son tan alarmantes que llevaron a Huges a comentar en su cuenta de twitter que, luego de revisar los resultados con sus estudiantes, el grupo académico rompió en llanto.

   Pero ¿por qué nos debe importar la suerte de estos ecosistemas?

   Los corales son animales del orden Cnidaria que tienen una relación simbiótica con un grupo de algas unicelulares llamadas zooxantelas, las cuales proporcionan la mayor parte de los nutrientes a través de la fotosíntesis, y ambas viven en extensas agrupaciones que constituyen una especie de selva oceánica.

   El incremento de las temperaturas marinas, así como el fenómeno de acidificación de los océanos, causado también por el exceso de bióxido de carbono en la atmósfera, provoca que las algas mueran. Si las condiciones negativas se mantienen mucho tiempo, los corales también perecen.

   Los arrecifes se cuentan entre los ecosistemas más biodiversos y productivos del planeta, pueden albergar centenas de especies de corales y algas y miles de especies de peces, y se consideran un banco de germoplasma que podría aportar descubrimientos farmacéuticos y biotecnológicos, además sirven como barrera contra los huracanes y son, junto con los manglares, sistemas vitales para las pesquerías.

   De hecho la Gran Barrera Arrecifal aporta $4 mil millones de dólares anuales a la economía australiana tan sólo por las actividades turísticas, además de mantener 70 mil puestos de trabajo, de acuerdo con la Autoridad de ese Parque Natural.

   El Dr. Ove Hoegh-Guldberg, de la Universidad de Queensland en Australia, señala que si bien es cierto que algunas especies de coral resisten mejor que otras frente al estrés provocado por temperaturas del mar más cálidas de lo normal, la magnitud de estas diferencias es sólo de uno o dos grados Celsius.

   Si recordamos, como hemos comentado en primer movimiento, es que incluso las proyecciones moderadas de cambio climático, calculan una elevación de las temperaturas superior a 2 ó 3 grados, lo que representaría un impacto muy severo para los arrecifes. Si a esto le sumamos que esto está ocurriendo en un intervalo muy corto de tiempo, de apenas una o dos décadas, el reto para las capacidades de adaptación de estos ecosistemas es enorme.

   El Dr. Ove propone cuatro acciones urgentes para salvar a la Gran Barrera y a otros arrecifes en el mundo:
  1. Mitigación, es decir, hacer realidad los acuerdos de París firmados el pasado día de la Tierra, e impedir que las temperaturas globales se eleven por encima de 1.5, máximo 2 grados, adoptando una vía de desarrollo que baje a cero las emisiones de Gases de Efecto Invernadero en las próximas décadas.
     
  2. Invertir en serio en energías renovables y dejar al menos el 80% de los combustibles fósiles debajo de la Tierra.
     
  3. Fortalecer a los ecosistemas combatiendo otras amenazas, como la sobrepesca y la contaminación de los ríos que desembocan en el mar, para mejorar la resiliencia de los arrecifes.
     
  4. Fortalecer las acciones locales que construyan sustentabilidad.

   Y cita a Sir David Attenborough en su llamado para salvar a la Gran Barrera Arrecifal: "¿Realmente nos importa tan poco la tierra sobre la cual vivimos, que no deseamos proteger una de sus más grandes maravillas de las consecuencias de nuestro comportamiento?"

   Esperemos que la respuesta sea que sí, sí nos importa, y estemos a tiempo de actuar.

Editorial del Programa Universitario de Estrategias para la Sustentabilidad en el noticiario Primer Movimiento de Radio UNAM, emisión del martes 26 de abril de 2016.
Mireya Imaz, Marjory González. 2016, PUES-UNAM. México.
(Se autoriza la reproducción citando la fuente).


jueves, 21 de abril de 2016

Reporte ONU sobre Empresas y Costos ambientales


Hoy vamos a comentar un reporte elaborado por la consultora Trucost y financiado por el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA por sus siglas en inglés) denominado Capital natural en riesgo: el Top 100 de las externalidades de los negocios, el cual encontró que, en pocas palabras, si las grandes empresas del mundo tuvieran que internalizar los costos ambientales que provoca su operación, prácticamente ninguna de ellas estaría generando ganancias.

La afirmación no parece novedosa, sobre todo si uno le presta un poquito de atención a la agenda ambiental, pero lo diferente e interesante es que este informe le pone pesos y centavos, o más bien, millones de dólares, a lo que parece sentido común.

Así, el informe ofrece en primer lugar una perspectiva global acerca de cuáles son las principales amenazas a lo que algunos denominan capital natural –y que nosotros preferimos llamar patrimonio natural-, para hacer comprensibles y cuantificables dichos riesgos ante gobiernos e inversores.

Estos riesgos se presentan en términos financieros, algo que puede generar polémica pero que permite, en este caso, mostrar cuan lejos estamos de tener un sistema económico mundial basado en los principios de la sustentabilidad.

Como método, la consultora organizó el estudio ubicando las 100 principales amenazas al patrimonio natural, las cuales le cuestan a la economía mundial alrededor de $4.7 billones de dólares anuales derivados de costos ambientales y sociales, la pérdida de servicios ecosistémicos y la contaminación. Al comparar estos costos contra las ganancias reportadas por las empresas (ojo, no las que se van a paraísos fiscales, sólo las reportadas oficialmente), el estudio encontró que prácticamente no existirían empresas solventes si se les obligara a pagar los platos rotos del daño ambiental.

Como era de esperarse, el estudio encuentra que buena parte de los pasivos ambientales los asumen los países en desarrollo, aunque los bienes y servicios resultantes, se consuman y disfruten en los países desarrollados. Además, debido a la globalización de la economía, las cadenas de suministro son cada día más complejas y abarcan a todo el planeta, diluyendo las responsabilidades, concentrado las ganancias y esparciendo los daños.

Los enormes márgenes de ganancia de las industrias más rentables del mundo, como las productoras de aceite, carne, tabaco, minería, y electrónica, le “piden prestado” al futuro: estamos negociando la sostenibilidad a largo plazo para beneficio inmediato de los accionistas.

Y, por ejemplo, se enlista a los sectores productivos con mayor impacto a nivel regional: en Asia Oriental y Norteamérica, la generación de energía eléctrica con base en carbón, en el Sureste Asiático, la producción de arroz y trigo y en Sudamérica, la ganadería y la agricultura. Tan sólo la ganadería al sur del continente cuesta 18 veces más en términos de los pasivos ambientales que deja, que las ganancias que genera. Después de todo, la ganadería es el principal motor de la devastación de la selva amazónica.

La mayoría de los pasivos ambientales no cuantificados se deben a las emisiones de gases de efecto invernadero (38%), seguidas por el uso del agua (25 %), de la tierra (24 %), por contaminación del aire (7 %), contaminación de agua y suelos (5 %) y generación de residuos (1 %).

Para el caso mexicano, donde en el año 2014 el INEGI calculaba un costo sólo por agotamiento y degradación de los ecosistemas equivalente al 5.7% del PIB, aunque un estudio del Banco Mundial lo estimaba en 2012 en el 13%, con cualquier número, ciertamente es conveniente y apremiante hacer un ejercicio como éste: por ejemplo ¿cuánto producirá la carretera que se comenzó a construir en Xochicuautla, atravesando el bosque de agua y destruyendo viviendas, versus los costos ambientales y sociales? ¿De qué tamaño serán las ganancias de los negocios inmobiliarios en Tajamar, y cuánta gente realmente recibirá beneficios, contra el valor de los servicios ambientales que brinda cada hectárea de manglar? El negocio de las armadoras de autos en México ¿sería tan jugoso si agregáramos los costos a la salud de la población, muchos de los cuales asume el sistema público de salud –es decir nosotros, vía pago de impuestos?

El diseño de políticas públicas que obliguen a la internalización de los costos ambientales se vuelve un tema de sobrevivencia, y obliga a repensar seriamente los términos sobre los que está montado el actual modelo de desarrollo económico mundial.

Editorial del Programa Universitario de Estrategias para la Sustentabilidad en el noticiario Primer Movimiento de Radio UNAM, emisión del martes 19 de abril de 2016.
Mireya Imaz, Marjory González. 2016, PUES-UNAM. México.
(Se autoriza la reproducción citando la fuente).

martes, 12 de abril de 2016

Incendios forestales

Ardieron 244 hectáreas (Foto: Twitter).
La madrugada del 7 de abril un incendio se propagó rápidamente por el Tepozteco, el emblemático cerro que rodea a Tepoztlán, Pueblo Mágico en el Estado de Morelos.

   Este incendio forestal comenzó, en realidad dos días antes, y parecía estar bajo control –o eso se pensó- cuando las llamas alcanzaron una cañada y desde ahí, el fuego se propagó.

   La fotografía de la Parroquia de la Natividad con un fondo de llamas recorrió las redes sociales, así como los videos que muestran el trabajo heroico de los brigadistas voluntarios, vecinos de Tepoztlán la mayoría, que con poco más que sus cuerpos, unos paliacates y algunos machetes, subieron a defender el bosque y nos conmovieron enormemente.

   Los propios brigadistas señalaron una respuesta lenta y descoordinada por parte de las autoridades, que aparentemente tardaron en enviar helicópteros con baldes de agua (los llamados helibaldes), por considerar que el fuego estaba controlado.

   Finalmente se sumaron dependencias federales, estatales y más de 200 brigadistas que lograron detener el incendio al día siguiente, para entonces, las llamas habían afectado 244 hectáreas del Parque Nacional El Tepozteco.

   Este incendio representa una fuerte llamada de atención, más aún frente a las condiciones actuales pues, por ejemplo, el 18 de marzo el Servicio Meteorológico Nacional reportaba que 40% del territorio nacional se encuentra en condiciones de sequía anormal.

   A esto se suma el fenómeno de El Niño, que de acuerdo con el Servicio Meteorológico Nacional continúa con una intensidad "fuerte" y se prevé que finalice hasta principios del verano.

   De hecho, conforme datos de la Comisión Nacional de Recursos Forestales, la Conafor, durante los primeros 3 meses de este año se duplicó la cantidad de este tipo de siniestros en comparación con el mismo periodo en 2015.

   Así, en lo que va de 2016 se han presentado 3,974 incendios forestales que han afectado una superficie de casi 47 mil hectáreas de bosque en 31 entidades del país.

   Entre las entidades con mayor superficie afectada hasta el momento se encuentran Oaxaca, Michoacán, Guerrero, Puebla y Sonora.

   Es importante comentar que el fuego es parte de los ciclos naturales de los ecosistemas forestales ya que facilita el renuevo de algunas especies vegetales y aporta nutrientes a los suelos.

   Impedir que ocurra cualquier incendio, por tanto, no es necesariamente benéfico. Incluso puede ser dañino a la larga, debido a la acumulación de materia orgánica, por ello es tan importante contar con planes de manejo en las zonas boscosas y destinar recursos para cumplirlos.

   En esta época del año las quemas agrícolas o de pastoreo son frecuentes y desgraciadamente, como en este caso, suelen salirse de control. En la Ciudad de México buena parte de los siniestros se deben a quemas para inducir el renuevo de los pastizales destinados a la ganadería, o son el preludio de invasiones cuya intención es urbanizar un predio.

   A esto, hay que sumar la irresponsabilidad de quienes arrojan cigarros, prenden fogatas sin las precauciones debidas o elevan globos de Cantoya, que pueden ser muy bonitos pero son, sin duda, muy peligrosos para los bosques, en especial en la época de secas.

   Así que desde este espacio hacemos un llamado, a extremar precauciones al visitar zonas boscosas o de pastizales, y a reportar, en su caso, incendios al teléfono 01 800 4623 6346 de Conafor.

   Y aprovechamos para comentar que en la UNAM, la Reserva Ecológica del Pedregal de San Angel es muy susceptible a estos siniestros debido a la acumulación de materia orgánica entre las rocas volcánicas del Pedregal, y así mismo, esta misma topografía propicia incendios subterráneos difíciles y peligrosos de combatir, por lo que pedimos el apoyo de nuestros lectores para evitar actividades que la pongan en riesgo y dar aviso en caso de detectar humo o fuego al 56-16-09-14.

Editorial del Programa Universitario de Estrategias para la Sustentabilidad en el noticiario Primer Movimiento de Radio UNAM, emisión del martes 12 de abril de 2016.
Mireya Imaz, Marjory González. 2016, PUES-UNAM. México.
(Se autoriza la reproducción citando la fuente).

viernes, 8 de abril de 2016

El "Plan Obama" contra el Cambio Climático: ¿de lo bueno, poco?

(Editorial del 11 de agosto de 2015 sobre el "Plan Obama")

"Solamente tenemos un hogar, un planeta. No hay plan B".
Con esta dramática frase presentó Barack Obama su “Plan de energía limpia” el pasado 3 de agosto, el cual traza una serie de medidas y políticas energéticas frente al Cambio Climático que deberá adoptar la mayor economía del planeta, la que, junto con China, es responsable del 45 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero a escala global.
Durante su discurso de presentación en la Casa Blanca, Obama afirmó que el plan representa el paso “más grande y más importante” que ha tomado su país para combatir el cambio climático.
Y tiene razón, pues nuestros vecinos del norte se han caracterizado por negarse sistemáticamente a firmar los acuerdos globales de reducción de emisiones. Así que la noticia es buena, pero ¿las medidas serán suficientes para evitar que rebasemos los dos grados Celsius de calentamiento, el límite calculado para evitar consecuencias irreversibles?
En principio, es alentador que el plan establezca una meta clara de reducción de emisiones de Gases de Efecto Invernadero del 32 por ciento para el año 2030.
Para lograrlo, la propuesta se basa en cuatro ejes, que en apretada síntesis enumeramos:
  1. Mejorar la eficiencia de las plantas generadoras de energía a carbón existentes y aplicar por primera vez estándares de emisiones para todas las plantas nuevas, frenando en los hechos la instalación de nuevas plantas basadas a carbón.
  2. Expandir la economía basada en energías limpias (como la eólica, solar, hídrica y geotérmica) para alcanzar el 30 por ciento de generación limpia en el año 2030
  3. Construir infraestructura para el aprovechamiento de energías limpias. Se plantea revisar y modificar constantemente la infraestructura de distribución y acceso a la energía, así como los estándares de eficiencia de los combustibles y las emisiones permitidas, principalmente en los vehículos de carga, autobuses y vagonetas. 
  4. Frenar el desperdicio de energía en hogares, empresas y fábricas, pues se argumenta que la eficiencia energética es una oportunidad rentable para que las familias ahorren dinero, las empresas sean más competitivas y se logren los objetivos de reducción de emisiones.
  5. Por último, se propone incrementar la reducción de otro tipo de emisiones, como las de hidrofluorocarbonos (HCFC´s) que se cuentan entre los gases de efecto invernadero cuya demanda continúa incrementándose, así como el metano, que representó casi el 10 por ciento de las emisiones durante el 2012.

Además se hace un llamado a los Estados que integran la Unión para presentar planes locales de reducción de emisiones en 2016 y compromisos definitivos en 2018, y se incluye un programa de incentivos a fin de que puedan cumplir con los estándares federales de producción basada en energías renovables durante estas primeras etapas. Las entidades que comiencen a tomar medidas de reducción en el 2020 serán premiadas mediante un sistema interestatal de bonos de carbono.
Las reacciones ante el plan energético de Obama no se han hecho esperar. Los republicanos, que para citar el ya clásico “no entienden que no entienden”, se lanzaron en contra de inmediato. El ex -gobernador de Florida y delfín de la petrolera dinastía Bush, el hermano Jeb, lo calificó de “irresponsable", argumentando que provocará una oleada de desempleo e incrementará los precios de la energía en todo el mundo.
Marco Rubio, senador por Florida, afirmó que la propuesta provocará un incremento “catastrófico" de las tarifas eléctricas para los menos ricos. De acuerdo con una nota del New York Times del 2 de agosto, los expertos estiman que al menos 25 Estados, cuyas economías dependen de la minería del carbón o de la generación de electricidad a carbón, interpondrán una demanda contra el proyecto del Presidente ante la Suprema Corte de Justicia de aquel país.
Las opiniones de estos personajes de la política contrastan con las de los científicos, quienes opinan que se necesita más, mucho más. Un artículo de David Biello publicado en la revista Scientific American el 6 de agosto, advierte que el carbón y el gas natural seguirán siendo las dos fuentes principales de generación de electricidad, representando en conjunto el 60 por ciento para el 2030.
En contraste, Dinamarca obtiene actualmente el 40 por ciento de su electricidad mediante energía eólica, Alemania el 26 por ciento mediante renovables, y Escocia ha logrado suministrar energía eléctrica derivada de tecnologías limpias ¡al 98 por ciento de los hogares escoceses!
Siguiendo a Biello, aún si el plan se aplicara eficazmente en los 47 Estados de la Unión Americana, se añadirían 1.7 mil millones de toneladas métricas de CO2 a la atmósfera cada año sólo por generación de electricidad, lo que sumado a las 600 mil millones de toneladas métricas que ya se han arrojado permiten pronosticar que no alcanzaremos la reducción de emisiones necesaria para evitar llegar a los 2 grados Celsius de calentamiento global.
Así las cosas, el plan Obama es un buen esfuerzo, más aún dentro del contexto político al que se enfrenta, pero resulta insuficiente ante la crisis ambiental que ya está en marcha. En esta ocasión decir “de lo bueno, poco” es mal consejo.